LA TELE LE CAMBIÓ LA VIDA A UNA MUJER DE JOSÉ C. PAZ
*¿Recordás qué miraste en la tele el jueves 13 de julio de 2006 por la noche? Hacé memoria, porque el programa que entonces midió 26,2 puntos de rating trajo cola: el martes último, le cambió, para siempre, la vida a una mujer.
¿Recordás qué miraste en la tele el jueves 13 de julio de 2006 por la noche? Si lo que viste fue el programa que aquel día obtuvo 26,2 puntos de rating, lo más probable es que te hayas emocionado hasta las lágrimas. ¿Cómo es que no me acuerdo ni de mi llanto?, te estarás preguntando. Ocurre que la tele es vertiginosa y epidérmica. Allí, todo pasa y casi nada queda. Los que la hacen y los que la vemos, todos, olvidamos hoy lo que salió al aire ayer. Pero la regla del vértigo y el olvido tiene excepciones: a veces, la TV cambia la vida de la gente, para siempre. Eso le sucedió a Ana Almeida, una mujer de 40 años, de José C. Paz.
Por efecto de un virus, Ana quedó sorda a los 24 años. El mal tenía un posible remedio: el implante Cochlear. Pero esa operación costaba 70.000 pesos. En ese punto, la esperanza se le hacía trizas porque en la Argentina, muchos avances de la ciencia médica sólo están al alcance de los ricos, y ella es una mujer que se desloma trabajando de albañil para criar a su hija Cinthia, de seis años. Sin quejas ni autocompasión, Ana siguió apilando ladrillos y revocando paredes mientras su vida transcurría con sordina. Por escuchar la voz de su hija, Ana habría dado el mundo. Pero los mundos como el suyo, sin más tesoros que el esfuerzo y la dignidad no hay quien quiera canjearlos. Al verla acorralada, su hermana María Cristina mandó una carta a “Showmatch” pidiendo que el caso se presentara en el segmento titulado “El regalo de tu vida”.
Y eso es lo que probablemente hayas visto en la tele el 13 de julio de 2006: A Ana tocando el cielo con las manos cuando Marcelo Tinelli le anunció que la Fundación Ideas del Sur le costearía la operación. El 30 de enero de 2007, el sueño se concretó: Ana fue operada por el médico Alberto Urbán en el Hospital de Clínicas de La Plata. La cirugía salió bien y en febrero, le colocarán un audífono externo para que recupere la audición definitivamente.
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Por estos días, Ideas del Sur convocó a quienes tengan un sueño solidario a presentarse al casting para “Bailando por un sueño 4” y adelantó los nombres de algunas de las figuras que los acompañarán. ¿Te imaginás con qué avidez se habrán abalanzado muchos periodistas sobre esa nómina de figuras mediáticas, dados los incontables litros de jugo que supieron sacarle a las rencillas entre las celebridades en las ediciones de 2006? Más de uno debe estar relamiéndose frente al listado de famosas (lo podés encontrar en Minutouno.com bajo el título “Tinelli prepara su vuelta”) y fantaseando con el fixture de las futuras peleas. Esa es una de las caras del show, la de los cuerpos envidiables, las lenguas afiladas y la purpurina. Pero hay otra: la de los soñadores solidarios. A juzgar por lo visto, la gente sueña con salud, vivienda y educación, y cuando todas las puertas se les cierran, van a golpear las de la tele.
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Con su alcance masivo, la TV aparece como el medio ideal para la difusión de causas nobles. Cualquier formato sirve para ese fin. Un show como “Bailando por un sueño” y “Cantando por un sueño”. Una campaña como “Un sol para los chicos”. Un noticiero que pide dadores de sangre o un órgano para transplante. Incluso una telenovela como la brasileña “Lazos de familia” que, a través de los padecimientos de un personaje, creo conciencia sobre la posibilidad de donar órganos en vida y consiguió que el promedio de inscriptos en el Registro de Donantes Voluntarios de Médula Ósea saltara de 20 a 900 por mes. Cuando la tele logra semejante proeza, a uno le dan ganas de perdonarle sus numerosos defectos por un rato y bendecir su existencia.
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Pero las opiniones están dividas. Hay quienes consideran que mezclar las necesidades de la gente con el show es demagogia. Y que la culpa es compartida entre quienes producen esa TV y quienes la miramos. La polémica sobre el show y las causas humanitarias viene de lejos y no es propiedad exclusiva de los argentinos. En Francia, el filósofo Gilles Lipovetsky analizó el asunto y llegó a la conclusión de que, hoy por hoy, “el humanitarismo se asocia con el showbiz y que ya no hay causas nobles sin estrellas”. Según él, “ya nadie quiere sufrir el aburrimiento de los sermones”. Vivimos, dice, en una época que reconcilia el placer y las buenas intenciones; la generosidad y el marketing. “La televisión _opina_ pone de manifiesto la paradójica unión entre el hedonismo y la ética”.
Ante la crítica de que la TV humanitaria no resuelve la injusticia distributiva porque para hacen falta transformaciones políticas, Lipovetsky sospecha si no hubiera solidaridad televisiva en su lugar no habría tampoco una acción política. Además, destaca que los emprendimientos solidarios en la tele tienen la virtud de poner en primer plano el valor del humanismo. Aún aceptando que eso no alcanza para cambiar al mundo, cree que es mejor una TV que nos diga que “hay que ser solidarios” que otra que nos convoque a vivir “cada uno para sí”.
Ni más ni menos que lo que escribió un lector de Minutouno.com en su comentario a una de mis columnas anteriores. Identificado como “Pedro, de Floresta”, sostuvo que para mucha gente, “el único medio económico de distracción e información es la tele”. “La gente informada por este medio _opinó_ puede también contribuir a construir un mundo mejor”.
¿Sabés, Pedro? Yo coincido con vos. Y ahora que Ana Almeida podrá escuchar la voz de su hijita Cinthia me felicito por haber formado parte los millones de argentinos que el 13 de julio de 2006 estuvimos viendo “Showmatch”.
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