La TV y el SIDA: ¿Pablo Echarri o el Triki-triki?

*El unitario de ficción “Reparaciones”, emitido por Canal 13 el viernes último, y la reciente campaña del ministerio de Salud son dos modelos opuestos destinados a crear conciencia social sobre el tema del SIDA. ¿A vos, cuál te pareció mejor?

En 2007, la televisión argentina exhibió dos modelos opuestos con un mismo propósito: crear conciencia sobre el tema del SIDA. Uno de ellos fue “Reparaciones”, el unitario de ficción protagonizado por Pablo Echarri y Erica Rivas, que emitió Canal 13 el viernes último, a total beneficio de la Fundación Huésped. El otro estuvo en la pantalla hasta el 1° de diciembre (Día Mundial de la Lucha contra el SIDA) y consistió en el spot donde un nutrido elenco de figuras famosas bailó “La cumbia del Triki-triki”, compuesta por Raúl López Rossi y Gustavo González, con música de Nico Posse y Mono Morillo. El grupo Piola Vago, liderado por uno de los hermanos de Carlos Tévez, estuvo a cargo de la interpretación del tema.


 


“Metételo, tatuátelo, si no hay triki-triki no hay bang bang”, dice la cumbia que eligió el Ministerio de Salud para su campaña de prevención del HIV. En el spot televisivo, figuras tan conocidas como Osvaldo Laport, Florencia Peña, Julieta Díaz, Miguel Angel Rodríguez, Mónica Ayos y Fabián Gianola, entre otros, se movían al ritmo del tema musical que llegó a las discos en versión remixada por los DJ. Además, se convirtió en el ringtone más bajado por los jóvenes. Y muchos pronostican que la pegadiza canción será el “hitazo” del verano en los paradores de Pinamar y Punta del Este. Un éxito…desde el punto de vista musical, claro. Pero, ¿servirá esa herramienta para alertar a los adolescentes y los jóvenes, el público al que supuestamente va dirigida la campaña, sobre la necesidad de usar preservativo? Yo me reservo el beneficio de la duda.


 


En “Reparaciones”, los autores Mario Segade y Gustavo Belatti siguieron un camino muy distinto: una historia de amor narrada en tono de comedia. El punto de partida es el típico de cualquier romance: el chico, Octavio (Pablo Echarri) conoce a la chica, Mariela (Erica Rivas), queda deslumbrado y la invita a salir. En la primera cena, ella le dice sin rodeos. “Soy HIV positiva”. De allí en adelante, la trama incorporó elementos de la realidad: la desinformación como fuente de prejuicios y paranoias; la lucha interna entre la racionalidad y el miedo que se desata en la cabeza de quien se ha enamorado de un portador del virus del SIDA; el uso del preservativo como el gran aliado de ese amor complejo pero no imposible.


 


Si tengo que elegir entre “Reparaciones” y “Triki Triki- Bang Bang”, me quedo con el especial de Echarri. A mí, logró llevarme al juego que se proponía. Es decir, que atrapó mi atención con una historia bien contada e interpretada por un dream team actoral (además de los protagonistas, participaron Lito Cruz, Rita Cortese, Hugo Arana, Federico D´Elía, entre otros) y aprovechó mi interés en la ficción para informarme sobre cuestiones verdaderas relativas a la prevención del SIDA. Su tono amable de comedia romántica, evitó aleccionar con la receta de despertar el pánico. Pero no se ahorró la valentía de llamar a las cosas por su nombre.


 


“La cumbia del Triki Triki”, en cambio, no menciona una sola vez la palabra SIDA, ni contagio, ni HIV. Ni siquiera pronuncia el término preservativo. En su lugar, apela a una nada sonora: triki-triki. Y a las relaciones sexuales, las llama bang-bang. ¿El motivo de esos rodeos semánticos? Según los creativos de la campaña, el objetivo era el de hablarles a los jóvenes y adolescentes en su propio lenguaje. Pregunto: ¿dónde escucharon chicos y chicas de carne y hueso que le digan “triki triki” al condón o “bang bang” al acto sexual?


 


Tengo para mí que cuando se trata de advertirnos sobre el cuidado de la salud, no alcanza con taladrar nuestros oídos con una musiquita pegadiza. Para convencernos sobre la necesidad de cuidarnos, deben decirnos claramente, aunque sin discursos alarmistas, que con las relaciones sexuales sin preservativo, no se juega; que el resultado de esa inconciencia puede ser gravísimo. Al menos yo, no me imagino que los adolescentes y los jóvenes internalicen ese mensaje por el hecho de que durante el verano 2008, “La cumbia del Triki Triki” pase a ocupar el lugar que en el anterior tuvieron “El baile del Osito” o “Que te clavo la sombrilla”.


 


A la hora de apostar a la efectividad del mensaje de “Reparaciones” y al de la cumbia de las onomatopeyas, yo le pongo mis fichas al unitario de la Fundación Huésped. Y vos, ¿cuál crées que será más efectiva?

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