La verdadera historia del "accidente" de Pradón

* Tercera y última entrega de una historia mantenida oculta hasta hoy.

El martes 23 de marzo del 2004 se llevó a cabo la reconstrucción judicial de la caída de Alejandra Pradón según la propia versión dada por la vedette (explicación que nadie atinó a rebatir ni siquiera en ámbitos judiciales).


 


Cámaras mediante, la sociedad observaba perpleja las imágenes que debían ilustrar la historia oficial. A la vista de todos, el Juez de Instrucción Carlos Bourel, peritos de la Policía Federal y de la Gendarmería arrojaron reiteradas veces desde el balcón del séptimo piso un muñeco con las proporciones y el peso de la Pradón.


 


La expresión popular de “además de cornudo… apaleado” pareció no importarle a Lallana, quien nunca atinó a confesar la verdad de los hechos, seguro de que zafaría de la acusación.

Se intentaba determinar si la víctima había caído accidentalmente o si había sido empujada al vacío por su novio Fabrizio Lallana, también presente en la reconstrucción y a esa altura de la circunstancia imputado judicialmente por el delito de “homicidio en grado de tentativa”.


 


La expresión popular de “además de cornudo… apaleado” pareció no importarle a Lallana, quien nunca atinó a confesar la verdad de los hechos, seguro de que zafaría de la acusación (como finalmente ocurrió) y regresaría a su Entre Ríos natal con una billetera abultada y sus quince minutos de fama a cuestas para intentar su propia aventura en el mundo del espectáculo.


 


Para Alejandra Pradón, esta caída no era su “primera vez” en el mundo de los escándalos mediáticos y amorosos: como es de público conocimiento, la rubia ya había tenido relaciones conflictivas con el futbolista de Independiente Claudio Arzeno y con el ex manager de Diego Maradona, Guillermo Cóppola.  (Este último terminó su noviazgo con la vedette en malos términos, algo nada habitual en él dado que todos sus anteriores amoríos con mujeres del espectáculo tuvieron finales amistosos y sus ex aún hablan maravillas del canoso empresario).


 


Para Alejandra Pradón, esta caída no era su “primera vez” en el mundo de los escándalos:  la rubia ya había tenido relaciones conflictivas con el futbolista Claudio Arzeno y con  Guillermo Cóppola    

El 3 de mayo del 2004, pocos días después de recibir el fallo de  “falta de mérito” dictado por la Sala IV de la Cámara del Crímen Fabrizio Lallana compartía la mesa con Mirtha Legrand.


 


La historia ya jugaba en las grandes ligas mediáticas, generando, cada día jugosas y contradictorias hipótesis y declaraciones por parte de los protagonistas.


Así fue que, cuando la conjetura de la caída desde el séptimo piso parecía estar firme, la propia Pradón abandonó su muletilla del “…no recuerdo qué pasó”  para pegar un giro de 180 grados con un “…siempre supe que al lado de Fabrizio estaba en peligro… Vas a arruinarme mi vida y mi trabajo. Por amor soporté demasiado”.


La  farsa alcanzaba ribetes insospechados.


 


La justicia parecía ciega a los hechos, presa de la manipulación de algunos dirigentes futbolísticos con fuertes contactos en la política y la policía y una billetera cargada de poder.


 


Finalmente, el club de primera línea que afrontó la “inversión” en el “operativo encubrimiento” recuperó pronto el dinero gastado en tapar el escándalo.


Cuando la hipótesisi de la caída del séptimo piso parecía estar firme, Pradón dijo: "siempre supe que al lado de Fabrizio estaba en peligro...".   

Al cabo de un año, todos los protagonistas de aquella jornada de fútbol y sexo habían sido transferidos al exterior, y al momento de cobrar el 15 por ciento que le corresponde a cada jugador por su pase allí estaba algún dirigente de la institución para deducir su cuota parte y recuperar para el club la suma invertida en comprar silencio y voluntades.
Ya no está en la Argentina ninguno de aquellos célebres cracks para que la justicia los interrogue sobre lo verdaderamente acontecido aquella madrugada tragicómica.


 


En el ámbito futbolístico se sabe que las fiestas de jugadores con mujeres son “cosa de todos los días”. Es más: son muchos los que afirman que esa “práctica” es sana para la salud mental de los deportistas y está implícitamente aceptada por los dirigentes, a quienes, hoy en día, no les preocupa tanto el tema de mujeres sino otro mucho más serio que tiene que ver con el consumo de sustancias poco saludables…  pero de ese tema hablaremos en otra ocasión.

Dejá tu comentario