LA VIDA DESCONOCIDA DE SILVINA SCHEFFLER

*En “La vida es bella”, la quinta eliminada de Gran Hermano reveló lo que no había contado durante su estadía en la casa. El relato de “la profe” sobre los días y las noches agitadas que lleva en Entre Ríos resultó de alto impacto.

Silvina Scheffler, la quinta eliminada de Gran Hermano, reveló al fin lo que no había contado durante su estadía en la casa. En “La vida es bella”, el ciclo que conduce Chiche Gelblung por Canal 9, se supo que, efectivamente, la docente de 27 años lleva una vida super agitada en la ciudad de Colón, provincia de Entre Ríos.
 
Mientras estuvo dentro del juego, “la profe”, como la apodaron los compañeros, se hizo notar por su voto de silencio. Empecinada en remar contra la corriente de los reality-shows _construidos en base a dos pulsiones: la de exhibirse y la de espiar_, la chica se negó a dar detalles sobre su vida personal, a pesar de la insistencia de los demás participantes, quienes terminaron catalogándola de bicho raro.

Nacida en el seno de una familia muy humilde de la localidad entrerriana de Las Claritas, Silvina se fue a vivir sola a la ciudad de Colón con el propósito de estudiar, de construirse un futuro a la medida de sus ambiciones, de torcerle el pescuezo a los designios del destino. Eso es lo poco que contó en la casa televisada. De allí en adelante, lejos de ahondar en la descripción de ese modelo, ciertamente meritorio, lo que Silvina que eligió mostrar en Gran Hermano fue una caricatura del prototipo fashion: la muñeca que histeriquea con Pablo; la linda que se obsesiona con la dieta y la gimnasia; la tilinga que se larga a llorar cuando se le termina la crema para las estrías; la chica que sueña con el vértigo de las pasarelas y con verse fotografiada en el papel satinado de las revistas; la astuta del marketing que en un juego donde todos alardean sobre sus proezas eróticas, concita la atención ajena declarando que no le gusta el sexo, que no quiere tener hijos y que no está segura de haber tenido un orgasmo.

Ese combo, que tal vez Silvina imaginó construido a la medida de los requerimientos televisivos, al final le valió la expulsión de la casa. Sus compañeros la nominaron porque, dijeron, no la entendían. Y porque no le perdonaban que jugara a la discreción en la vidriera del Gran Hermano. El público, probablemente, se hartó de verla histeriquear con Pablo y terminó expulsándola mientras la maquinaria mediática difundía todo tipo de rumores sobre la supuesta vida oculta de la profe.

Una vez fuera del juego, en el programa de Chiche, ella explicó como era  un día de su vida antes de quedar seleccionada en el casting de Gran Hermano. Según contó, se levantaba a las cinco de la mañana porque de seis a trece, trabajaba en la Municipalidad, aunque a veces, su tarea se extendía hasta después de las 14. Su estatus laboral era el de contratada, indicó. ¿Su paga? Al principio se negó a dar cifras pero luego admitió que no superaba los 800 pesos. A las 15, Silvina iba a dar clases a un gimnasio. Tras tomar una ducha, salía corriendo para el instituto donde cursaba las materias de una especialización docente en el horario de 17.15 a 23. Los fines de semana, dijo, se dedicaba a estudiar para los exámenes. La actriz Lola Cordero, invitada esa tarde a “La vida es bella”, quiso saber si es verdad que sus amigos la cargan porque se inscribe en cuanto curso existe _computación, pedagogía, inglés, etc._y estudia con el ahínco de los obsesivos. Silvina admitió que esos datos eran  ciertos y señaló lo hacía para poder progresar. Como dirían en la tele, para Silvina Scheffler, fuerte el aplauso.
¿Si tiene uno, dos o treinta y siete amantes? Asunto de ella; y de ellos, en el supuesto de que existieran. ¿Si en su familia hay alguna tragedia escondida? Las hay en muchas; y si ese fuera el caso de la suya, lo único que hay para decir de la profe es que tiene las espaldas aún más anchas de lo que parece, porque para quien carga una mochila de dolor al hombro, el camino se hace más duro.

En lo personal, confieso que la Silvina que veíamos dentro de la casa me resultaba un plomo, con sus histeriqueos y sus mohínes de bella indiferencia. La que se presentó en “La vida es bella” me generó un enorme respeto. Ese es el sentimiento que me invade frente a alguien que como ella ha entrado en la carrera de la vida con la desventaja de las privaciones materiales y en vez de victimizarse sale a remarla a bordo de la cultura del trabajo y el esfuerzo.

Me pregunto cuántas otras historias de vida que merezcan ser contadas esconderán los participantes que aún permanecen en el juego. ¿Llegaremos a conocerlas algún día? Es difícil pronosticarlo, porque a los chicos se los escucha hablar a diario sobre la edición y el rating del ciclo, con una preocupación más propia de los productores que de los participantes. Y en ese contexto, viven convencidos de que el único modo de concitar la atención del público es jugándola de libertinos o hablando del costado más disfuncional de sus familias de origen. Cuando falta poco para que se cumpla un mes y medio del programa, la producción también ha privilegiado ese perfil a la hora de editar las historias y de darles los tópicos de conversación a los jugadores.

Queda la esperanza de que en el tiempo que resta hasta completar los 112 días de encierro, alguien decida concederle espacio al aspecto menos escandaloso y más edificante de las vidas de estos jóvenes que, sin duda, debe existir. Porque, de verdad, a mí me cuesta creer que un estudiante avanzado de medicina, Juan, no tenga otra cosa para decir que “¿me entendés?”. Me niego a pensar que el ingeniero Agustín sea incapaz de conjugar algún verbo que no sea “nominar”, “jugar” o “complotar”. Me parece imposible que Griselda, una madre soltera que cría a una hija de cuatro años, no acredite más méritos que un cuerpo impresionante.

La pregunta del millón es si los espectadores estaríamos dispuestos a darle un rating tan alto como el actual a un Gran Hermano que además de mostrarnos los escarceos eróticos y las estrategias de juego de los participantes nos dejara a conocer el lado más real de las vidas que tienen fuera de la casa.

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