Historia del copiloto fallecido en el accidente


  • A ocho años de la tragedia de LAPA, minutouno.com entrevistó a los padres de Luis Etcheverry, el copiloto que falleció en el accidente.
  • "Si hubiese salido con vida, hubiera dejado hasta el último momento de su vida sacando gente como sea”, opinó emocionada su madre.



“Cuando empezó a mover las manos ya hacia aviones y los dibujaba en el jardín. No había otra cosa que le hiciera más feliz como volar una aeronave”. Las palabras salen de la boca de Luisa y Adolfo Etcheverry, los padres del copiloto que falleció en la tragedia de LAPA , quienes recibieron en su casa a minutouno.com para compartir la historia de su hijo. 


 


Su padre quería que Luis jugara al básket como él, pero ese niño inquieto a los 12 años comenzó a visitar, a escondidas, el Club Planeadores de Zarate donde limpiaba los aviones para empezar a meterse de lleno en su pasión.


"Conociendo como se formó mi hijo y la habilidad e inteligencia que siempre tuvo para todo lo que hizo, yo me juego la vida que jamás hubiera puesto a alguien en peligro si el no hubiera estado seguro de lo que hacía", expresó su madre.    


“Luis tenía capacidad intelectual, inteligencia natural y emocional. Era una gran persona y no porque seamos sus padres. Amaba a su familia, a sus amigos, y era muy respetuoso de las normas”, recordó emocionada Luisa.
 
Su madre cuenta que Luis era “el líder de la familia”,  que “amaba la motonáutica”, que llegó a cruzar la cordillera en moto y como si eso fuera poco le gustaba el aladeltismo y el paracaidismo. Lo de su hijo eran los deportes de alto riesgo.


 


Sacrificio en pos de su cumplir su sueño



Luis se alistó en la Escuela de Cadetes de la Policía en La Plata y a los 16 años se recibió de piloto y luego de instructor, para más tarde recibirse de Técnico Aeronaútico. Por sorteo le tocó la aeronaútica en el servicio militar que cumplió en el Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires.

“Mi hijo dejó de comprarse ropa para pagar sus horas de vuelo. Era un sacrificio y un esfuerzo que también compartimos toda la familia”, dijo la madre que ahora sólo disfruta de Vanesa (34), su otra hija, que “fue la más golpeada por la tragedia”.
 
Adolfo recuerda orgulloso y entre llantos, que para alimentar los sueños de su hijo le compró un avión para 10 personas que piloteaba con dos amigos y colegas haciendo correo aéreo. “Tenía ofertas para trabajar en Israel y en Alemania, pero le dijimos que se quedara para devolverle con trabajo al país por toda la formación que le brindó”, rememoró Luisa.


 


Para conseguir más horas de vuelo su padre le compró un avión para 10 personas en el que volaba haciendo correo aéreo.    

Luego de hacer cursos de perfeccionamiento en Alemania, Francia, España y Estados Unidos, Luis comenzó a trabajar como piloto en Southern Winds y soñaba con pilotear un avión, un JET 700 computarizado, y en ese ínterín recibió una propuesta para trabajar en LAPA que duplicaba lo que percibía en la otra compañía.

Su padre no quería que Luis trabajara en LAPA porque siendo comandante, a los 30 años, iba a ejercer como copiloto. “Espera una semana más, un mes más. Vas a volar en un avión más moderno, más seguro”, le aconsejó antes de que tomara la trágica decisión. Pero Luis no le hizo caso y entró a trabajar a LAPA seis meses antes de la tragedia.

Adolfo también se lamenta porque su hijo, que era muy reservado con su profesión, le había dicho que ese vuelo sería el último que iba a hacer como copiloto, ya que le habían prometido un ascenso. En el próximo sería comandante. Pero no pudo ser...


Luis se alistó en la Escuela de Cadetes de la Policía en La Plata y a los 16 años se recibió de piloto y luego de instructor, para más tarde recibirse de Técnico Aeronaútico.    

Sus padres aún recuerdan entre lágrimas la trágica noche del 31 de agosto de 1999. El vuelo 3142 debía partir a las 20:30, pero se atrasó y a la media hora los medios transmitían la triste noticia del accidente. Por eso, al principio, pensaron que el hecho había ocurrido en otra nave. Pero cuando se enteraron de la demora comenzaron a pensar en la muerte de su hijo.

La desorientación y la conmoción durante la tragedia
 
“Cuando observé las imágenes en la tele me di cuenta que Luis no volvía más y eso me ayudó a ponerme en un lugar real. Si hubiese salido con vida, hubiera dejado hasta el último momento de su vida sacando gente como sea”, opinó emocionada su madre.



Por aquella horas Luisa y Adolfo no sabían sobre el destino de su hijo porque desde la Fuerza Aérea y desde la Cruz Roja les habían dicho que los pilotos estaban vivos y que habían sido derivados al hospital Fernández. Hasta que después de casi 48 horas de una angustiosa espera llegó la noticia más tremenda, que con mucho dolor ya era esperada.


 A los 12 años comenzó a visitar, a escondidas, el Club Planeadores de Zarate donde limpiaba los aviones para empezar a meterse de lleno en su pasión.
    


Después de toda la conmoción, Luisa y Adolfo esperaron en vano el pésame de algún responsable de LAPA y desde ese momento la mama guardó las fotos de su hijo y nunca mas tuvo fuerzas para volver a verlas.

Ellos son querellantes en el juicio ya que están convencidos de que el copiloto no tenía autoridad en el vuelo y que pidió, según un examen que tienen de la Fuerza Aérea, el abortaje del vuelo y que el piloto hizo caso omiso. Además sostienen que la caja negra fue cortada.

“Conociendo como se formó mi hijo y la habilidad e inteligencia que siempre tuvo para todo lo que hizo, yo me juego la vida que jamás hubiera puesto a alguien en peligro si el no hubiera estado seguro de lo que hacía.  Me queda la paz interior y eso fue lo que nos hizo superar semejante pérdida" concluyó su madre.


 


Por Alejandro Gorenstein

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