Las mujeres avanzan sobre el poder en Estados Unidos
*Según el autor, la llegada de de Nancy Pelosi a la presidencia de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos marca el comienzo de una era: el protagonismo femenino en la política de ese país.
Con Nancy Pelosi asumiendo la presidencia de la Cámara de Representantes del Congreso norteamericano, además de haberse iniciado el traslado del eje del poder desde la Casa Blanca al Capitolio y desde un extremismo militarista a posiciones centristas y moderadas, ha comenzado en Estados Unidos un periodo de particular protagonismo femenino en la política.
Históricamente, el rol más importante en el escenario del poder que podía desempeñar una mujer era el de primera dama. Por haber manejado con duro carácter el orden de las dependencias presidenciales, por entonces situadas en Filadelfia, la hermana de George Washington fue quien inauguró el rol de primera dama, que luego cumplirían exclusivamente las esposas de los presidentes.
Algunas fueron notables, como Eleonor Roosevelt, prima y esposa de Franklin Delano Roosevelt; otras admiradas y exquisitas, como Jacqueline Bouvier, la esposa de John Kennedy. También hubo primeras damas influyentes y cuestionadas como Nancy Reagan, y otras más discretas como Bárbara Bush y ahora su nuera Laura. Pero con la nueva camada de mujeres políticas, lo que se ve es una avanzada del género en las mismísimas cumbres del poder norteamericano, y por mérito propio.
Antes de entrar en política, Hillary figuró en la preciada lista de los cien mejores abogados del país. Condoleza, que de niña deslumbraba por su virtuosismo como pianista precoz, se convirtió luego en una prestigiosa politóloga.
La flamante primera mujer que preside la cámara baja (o sea la tercera autoridad de los Estados Unidos, después del presidente y el vice), no tiene los antecedentes intelectuales de Rodham Clinton y de Rice, pero se ha destacado por su frontalidad, su rigor ético y su coraje político sin cálculos personales.
Nancy Pelosi propuso romper con China por la masacre de Tiananmen aunque fuera mal negocio para las inversiones norteamericanas; siempre defendió el aborto y la educación pública, además de llamar fundamentalistas a los religiosos de la intensidad de Bush hijo.
En el 2002, a pesar del fervor patriótico reinante, ella votó contra la invasión a Irak y luego reclamó permanentemente la retirada de las fuerzas que ocuparon el país árabe. Pero a pesar de ser la archienemiga de Bush y de los “neocon”, se negó a impulsar la destitución del presidente por sus mentiras respecto a la justificación de la guerra. Por eso es un signo más de que, en los Estados Unidos, la mujer ha comenzado a estirar la mano hacia el timón. Y posiblemente, en los próximos años, comenzará a aferrarlo.
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