Su gorrito, los lentes cuadrados y la guitarra al hombro. Ese hombre flaquito que se asoma al escenario en medio de sonidos electrónicos es Lisandro Aristimuño, el artista oriundo de Viedma que se coronó con el Premio Gardel al “Mejor Álbum Nuevo Artista” en 2010.
Ante más de mil personas, Aristimuño ofreció dos horas de show en el patio del parador Konex. Aunque en la noche amenazaron unas nubes tormentosas, el artista pudo compensar a sus seguidores con sus hits más melosos y hasta salieron las estrellas.
“Sun”, “Es todo lo que tengo y es todo lo que hay”, “Tu nombre sobre el mío”, “El árbol caído”, fueron algunas de los temas más festejados. Por suerte, lo ayudaron en los coros los grititos de las chicas hipnotizadas.
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Para reafirmar el ritual, Aristimuño celebró por la música independiente, hizo mención a sus raíces patagónicas, promocionó su programa radial (conduce “Ese asunto suena raro”, por FM La Tribu 88.7) y demostró que, aunque extraña su casa, tiene a la familia muy presente.
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“Ahora vamos a tocar este tema que se lo compuse a mi mamá. Últimamente no hablo mucho con ella”, dijo el músico, mientras sonaban los primero acordes de “Canción de amor”. Sus hermanos, una sobre el escenario en percusión y el otro a cargo de la producción artística, apoyaron el pequeño homenaje a “la vieja”.
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Y así, entre sonidos folk, parejitas abrazadas, proyecciones psicodélicas, el colorido centro cultural teñido por un ambiente romántico y los “Azules Turquesas” –como llama a la banda que lo acompaña-, Aristimuño se despidió hasta el próximo sábado, a la misma hora y en el mismo lugar.
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