LO QUE HAY QUE HACER 2da. Parte
Sin embargo... no sé. ¿Mamá? ¿A los 74 años? Y además ella tan conocedora, tan vivida, tan leída: no se daba cuenta que el tipo este… Pero el affaire avanzaba. A la vuelta de Punta del Este, cada vez más intenso.
Rumiaba el asunto cuando llegué a Les Jardins ese sábado. Entré a la casa y Mamá me recibió en la galería. Vino hacia mí con Sandrino. Iban tomados de la mano.
- Eloy, bebé. Tengo una noticia bomba para darte y quiero que seas el primero en enterarte: Esteban y yo nos casamos el mes que viene.
No es que la posibilidad no se me hubiera cruzado por la cabeza. Pero en mis peores pesadillas ya la había desechado enseguida. Mamá era muy inteligente, muy lúcida. Que se tirara una cana al aire tras tantos años de vida monacal me parecía bien. ¿Pero ésto? ¿Estaba loca? ¿Qué necesidad había de casarse para hacerse atender por el padrillo? ¿No veía lo obvio, no percibía al caza fortunas que la envolvía? ¿No se daba cuenta de la situación?
- Bueno Mami, los felicito…- dije sobriamente. Sandrino sonreía, radiante. Un sol que iluminaba a Mamá.
- ¿Y cómo será? ¡Contame los detalles! -dije.
- Bueno, en 5 semanas desde hoy. El viernes 22 de Septiembre por Civil, y el sábado por Iglesia y hacemos la fiesta acá en el Country. Después nos vamos de luna de miel a Grecia. Tenemos todo planeado.
- Me alegro muchísimo Mami. Te veo, los veo muy felices a los dos y…Bueno, algo me maliciaba pero no sabía que todo iba tan bien. A vos también Esteban. Que sean muy felices.
El tipo me agradeció y pasamos a almorzar. La tarde, que se me hizo infinita, terminó y me fui. Al día siguiente llamé a Mamá por teléfono, y le avisé que la visitaría y quería verla a solas. Me recibió y fui directo al grano:
- Mami, vos estás segura de lo que estás haciendo. ¿Este casamiento? ¿No te parece que este muchacho es un poco fuera de nuestro círculo? -debía andar con cuidado con mis palabras.
- ¿Por qué? ¿Ahora sos selectivo, discriminás? ¿Qué tiene de malo Esteban?
Así hicimos fintas un rato hasta que llegué no sé como al tema real de mi visita. ¿No se daba cuenta Mamá que el tipo iba por su dinero? ¿Que la diferencia de edad, con todo respeto por el excelente estado de ella a sus 74 años, quitaba autenticidad al asunto? ¿Que era un aventurero, un caza fortunas?
Y ella también fue clara: le dolía que yo pensara que la única razón por la que un hombre como Sandrino se le pudiera acercar fuera el dinero. ¿Acaso ella era tan poco atractiva? Tenía sus años, sí, pero la edad también se lleva en el corazón, arguyó.
Quizás el interés pudiera ayudar o ser parte del atractivo. El poder es afrodisíaco, no negaba la posibilidad. ¿Pero acaso yo decía que ella era tan falta de atractivos que sólo eso podía atraer a un hombre hacia ella?
Así siguió la conversación. Yo viendo claro como el agua que US$ 105 millones eran, claro está, la razón para cualquier cosa. La única razón en este caso. Y ella obstinada y pensando seguramente en los orgasmos y las risas que todavía, e inesperadamente la vida le tenía preparados.
Nos despedimos bien. El tema no había sido resuelto. Al menos para mí. Pero nuestra relación siempre había sido excelente, siempre nos quisimos y fuimos muy unidos, sobretodo después de la muerte de Papá.
Dos días después fui a ver a Gutiérrez Ruiz. Siendo Abogado (había ido a la biblioteca a repasar el tema y la jurisprudencia), sabía que sólo dos razones podían impedir por la vía legal que el proyecto materno produjera los efectos desastrosos que preveía. Una, antes del casamiento: probar que Mamá era insana o no sabía lo que estaba haciendo. Imposible, ella estaba lúcida como siempre.
La otra, después del mismo: la no consumación en el lecho del casamiento (una rémora de leyes medievales). En este caso imposible probar dada la condición física de Mamá. No sólo había perdido la virginidad hacía ya 50 años, sino que como las fotos probaban, ejercía una vigorosa sexualidad que tiraría abajo cualquier planteo de ese tipo.
Le expliqué al Asesor de Seguridad la situación aunque la conocía tan bien como yo. Lo que le expliqué en realidad es que las cosas como estaban eran intolerables para mí. Que no iba a permitir que un aventurero privara a mi familia -es decir a mí- de nuestro patrimonio.
Le expliqué los planes que la “pareja” tenía, y mi intención de detener el casamiento.
- ¿Qué quiere hacer, Señor Barreto? -preguntó.
- No sé Gutiérrez, dígame Ud., yo esto no lo puedo permitir.
No había necesidad de explicar motivos. Estaban más que claros.
- Déle un susto a Sandrino. Ahuyéntelo, que se vaya del país. Que abandone. Déle una paliza, no sé.
- Lo que Ud. me pide, Sr. Barreto, es ilegal, ya sabe.
- Si, Gutiérrez, me imagino. Pero si lo vengo a ver a Ud. es porque necesito hacer esto de la manera menos cruenta posible. Pero hay que hacerlo.
- Bueno, probaremos. Déme unos días.
Arreglamos unos honorarios, le entregué un fajo de billetes y me fui.
Fin de la segunda parte. El jueves próximo la última parte.
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