Masacre en India: terrorismo y odio a la modernización
Al detonador puede activarlo el separatismo o los viscerales odios religiosos que laceran la sociedad india, pero el blanco indirecto de todos zarpazos terroristas de los últimos años ha sido la modernización que impulsa Manmohán Singh. Desde que se convirtió en primer ministro por designación de Sonia Gandhi, ha profundizado la reforma y la apertura económica que él mismo inició como ministro de Economía del entonces premier Narashima Rao, quien debió hacerse cargo del gobierno tras el asesinato de Rajiv Gandhi.
Ese camino hacia la modernización ha convertido a
En el caso de
La capital de Rajasthán, la antigua Rajputana, construida en el siglo 18 por el maharajá Jai Singh como capital del reino de Amber, se ha convertido en uno de los principales centros turísticos de India. Uno de sus atractivos está en el color rosa que domina el paísaje, porque ese color de “bienvenida” en la cultura india, la cubrió en 1905 para recibir al príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria.
El hecho de que todos los lugares atacados con bombas hayan estado dentro de la ciudadela de la ciudad vieja, y que hayan sido nada menos que el Palacio de los Vientos,
Esta modalidad, además de la sincronización de los siete estallidos, hizo que las sospechas apuntaran al terrorismo fundamentalista islámico, igual que años atrás, cuando una serie de bombas despanzurraron trenes repletos de gente en estaciones de Mumbay.
Los giros de las sospechas
El gran logro del Pandith Nerhú fue, además de la independencia en 1947 y a pesar de la escisión de Pakistán, mantener la unidad bajo un Estado y una lengua, el indi, una diversidad de naciones, lenguas y religiones. Pero la unidad no borró particularismos étnicos y religiosos que a menudo conducen a la violencia sectaria. Ahora bien, a la hora de atentados en gran escala que implican sofisticados mecanismos de organización y logística, las posibilidades de autoría se reducen al extremismo ultra-islamista ligado al separatismo cachemir, a remanentes del independentismo sikhs y a algunos grupos ultra-hinduístas.
El independentismo sikh lucha por separar el Punjab del resto de
Del mismo modo, es poco probable que tras la cadena de bombas que ensangrentó ayer a Jaipur esté el extremismo tamil, autor de la muerte de Rajiv Gandhi, porque en su objetivo de apoyar la guerrilla tamil de Sri Lanka sólo ataca objetivos gubernamentales. Y los grupos ultra-hinduistas, cercanos a partidos nacional-religiosos como el que gobierna la ciudad de Mumbay (antigua Bombay), difícilmente atacarían un templo hindú plagado de feligreses, como ocurrió ayer con Hanuman.
Es por eso que las sospechas apuntarán hacia grupos como Harkut-Ul-Jehadi, con base en Bangladesh, donde lucha por expulsar a la minoría hinduista, y las organizaciones separatistas cachemires que han cometidos ataques de este tipo en Srinagar, al norte, pero también en la sureña Hyderabad.
El Harkut-Ul-Jehadi Islami, relacionado con algunos de los imanes de la ciudad de Dacca que sentenciaron a la escritora Taslima Nasrim a ser asesinada donde se la encuentre, por haber criticado al Islam en su libro “Vergüenza” (donde también critica el extremismo hinduista), postula que Bangladesh se reintegre a Pakistán, país musulmán del que formó parte hasta la guerra separatista alentada por Nueva Delhi.
Cualquiera que sea el autor, a las razones religiosas y étnicas que motivan su criminalidad, se suma el odio al gobierno modernizante de Manmohan Singh, quien empezó a abrir la economía como ministro del premier Narashima Rao. Y esa modernización está en la mira de todos los fundamentalismos de la región, en particular el ultra-islamismo, que desde Cachemira y las alturas del Himalaya, mantiene fuertes vínculos con la cúpula de Al-Qaeda oculta en algún rincón del Wasiristán o del Hindu Kush.
Dejá tu comentario