A sangre fría

Escribe Mauro Szeta

Fue una ejecución. Pablo Gorra Penayo llevaba apenas 20 días de una libertad ilegal cuando lo asesinaron a sangre fría.

El 30 de octubre, junto a un cómplice, había protagonizado una extraña fuga de una camioneta penitenciaria, a metros de la puerta de la Unidad Penal 9. La versión oficial, por cierto difícil de aceptar, es que Gorra Penayo y su cómplice abrieron el piso del camión penitenciario y, aprovechando una brusca maniobra, escaparon a metros de la puerta del penal. Allí, tomaron como rehén a un hombre mayor, a quien le robaron la camioneta. Todo esto, según la versión oficial, sin quitarse las esposas. Minutos más tarde, y por los inconvenientes que tenían para manejar, los presos chocaron. Así y todo, continuaron la fuga.

Nunca más se supo algo de ellos, hasta que la Policía de La Matanza encontró a un hombre ejecutado de un tiro en el pecho, adentro de un auto Gol Trend, en Puerta de Hierro.
El auto estaba en marcha y el cuerpo del hombre, recostado contra el volante, por lo que sonaba la bocina de forma constante. Cuando lo identificaron, descubrieron que se trataba de Gorra Penayo, uno de los fugados de la camioneta penitenciaria. Su final, en una ejecución homicida, llamó la atención de los investigadores.

La gran pregunta ahora es: ¿Por qué lo mataron?

Una hipótesis es que lo ejecutaron por una venganza, por cuestiones vinculadas a su fuga o al mundo del hampa. La otra es que Gorra quiso cometer un asalto y la víctima lo mató. Esta segunda probabilidad es la que menos cierra. La venganza es la palabra que más adeptos gana en el expediente.

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