Nada puede justificar la toma de una decisión ilegítima y criminal. Nada puede justificar que, determinadas personas, temerosas de ser asaltadas, electrifiquen las puertas de sus casas, y terminen causando la muerte de chicos que se acercan para buscar una pelota que se les colgó en un "picado".
Lo grave es que esta clase de secuencia criminal se repitió y mucho, en los últimos dos meses.
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Los casos fueron calcados. En Berisso, en Mendoza, en San Vicente y en Moreno. Personas que, con el pretexto de sentirse inseguras, electrifican sus casas.
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No miden nada. No les interesa si esa electrificación mata a vecinos. Y así termina pasando.
Judicialmente, en el caso de Berisso, que terminó con la muerte de un menor, la fiscal aplicó un criterio oportuno. Dejó preso al dueño de casa, a la mujer y a una hermana de ella, por el delito de "homicidio con dolo eventual".
El concepto es el siguiente. El dueño de casa debió representarse el daño que podía causar electrificando su casa, y sin embargo, no se detuvo y siguió adelante con la acción.
Esta clase de delito se castiga con 8 a 25 años de cárcel.
Quienes electrificaron sus casas, creyéndose víctimas de potenciales delitos, se convirtieron en homicidas, ni más, ni menos. De eso, no se vuele.
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