Fue un doble crimen artero, espantoso, sanguinario en extremo. Pasó casi inadvertido porque fue el 18 de abril, en pleno cacerolazo. Las víctimas fueron Olga Núñez, de 60 años y su hija Viviana Giménez, de 35.
A la mujer mayor le dieron 7 puntazos, y a su hija, 15. Fue en Terrada al 5500, en La Matanza. Al momento del ataque, las dos mujeres estaban solas en la casa. Leonardo Giménez, hermano de Viviana, y policía bonaerense, estaba de viaje en la costa, y su papá, en el trabajo.
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Los cuerpos los encontró una hija de Viviana, una adolescente de 15 años que volvía del colegio. De arranque la investigación se orientó a la pista del robo. Según el relato de los dueños de casa, faltaron dólares de la vivienda. Pero algo más, como Olga, se dedicaba a cambiar dólares en su casa, había tomado como costumbre, marcar los billetes y anotar su numeración en un cuaderno.
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Esa prueba iba a ser vital, crucial. El fiscal de la causa, Carlos Adrián Arribas, obtuvo una pista policial que sindicaba a cinco personas como los autores del robo.
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El jefe de la banda, de acuerdo con esa pista, era un "viejo ladrón del barrio", que conocía al policía Giménez. Llegaron los allanamientos. Uno de ellos, dio positivo. En una casa, detuvieron a una chica de 17 años, y entre sus pertenencias, apareció un billete de diez dólares, bijouterie y otros objetos de valor.
El billete se convirtió en una prueba vital. Cuando lo analizaron, estaba marcado. Miraron su número de serie, y coincidía con uno de los billetes que la dueña de casa había dejado asentado en su libro de anotaciones. En época de malaria "con el verde", un billete, mandó a la cárcel a una sospechosa del crimen.
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