El peor de los delitos

Escribe Mauro Szeta

El peor delito: matar al hijo. No es fácil matar a un chico, no es fácil pasar ese umbral y menos, matar a tu propio hijo.

El crimen de Priscila Leguiza, de 7 años, así como está contado, pasó todos los límites. Una mamá que la asesina a golpes y un padrastro que colabora en el descarte del cuerpo y un intento de ocultamiento morboso que incluyó hasta el intento de incinerar el cadáver.

La historia se cuenta con una madre que no vivía con la nena, que recién en octubre la fue a buscar y que según un familiar, sometía a su hija a reiteradas palizas.

El drama, siempre según el relato oficial, se desencadena el día 3 de enero. Ese día, la madre le da una paliza a Priscila y la manda a dormir. Cuando despierta la encuentra muerta en la cama. Se da cuenta que la paliza la mató a Priscila. Le pide ayuda a su pareja, al padrastro de la nena, de condición policía, y juntos llevan adelante una faena criminal para ocultar. Pretenden quemar el cuerpo en una parrilla, y como no pueden, lo envuelven, lo suben a un carrito de bebé, y lo tiran a un arroyo. Descomunal.

Ahora están presos. Ella, acusada del peor de los delitos, matar a la hija. El, por cómplice. Una acusación que parece irreversible.

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