El taxi boy de doble vida que cayó por un bebé

Escribe Mauro Szeta

En el ambiente de los taxi boys gays, a Conrado Espinoza, lo bautizaban "El Brazuca". El hombre era reconocido por sus "virtudes sexuales". Los clientes, lo pedían.

El 20 de agosto del año pasado, doña Elbia, entró a un departamento de Olleros 1850 para realizar sus tareas de limpieza, y encontró asesinado a su dueño, el empresario Norberto Adamo, de 60 años.
Según los forenses, el empresario había sido asesinado de 40 puñaladas, el día 18.

En el caso, que investigó la División Homicidios de la Federal, fue clave la declaración de un ahijado de la víctima.

Sin temor, contó a los investigadores que Adamo frecuentaba el mundo de los taxy boys y que solía ubicarlos por redes sociales o páginas especiales.

Así ubicaron rastros que el propio Adamo había dejado en su computadora. Su último contacto había sido con la página Soytuyo.com.

Entonces, los investigadores determinaron que Adamo había armado una cita con tres taxi boys. Llegaron a uno de ellos, argentino, que admitió haber estado en una fiesta sexual con Adamo, pero alegó haberse retirado antes del asesinato.

El taxi boy dijo además que en la fiesta había un brasileño "muy sacado" al que identificó como Lucas.
Gracias a ese dato, la policía logró detectar la verdadera identidad del brazuca. Era Conrado Espinoza, pero ya estaba prófugo.

Desde Perú, llegó un dato que permitió ubicar el taxi boy. Tras matar a Adamo, se fue a ese país y cometió un ataque salvaje en perjuicio de la familia de una ex. Hirió a puñaladas a dos personas y escapó. Su foto fue difundida por todos los medios de Perú.

Conrado Espinoza cometió un error crucial. Lo perdió el amor.
Otra novia de Hurlingham esperaba un bebé suyo. El taxi boy no aguantó y volvió a Argentina para verla.

La policía "tomó" el teléfono de la mujer, pero faltaba ubicar al brasileño.

El hombre se quedó sin dinero y tuvo que volver obligado al circuito. Mandó un mensaje a la clientela. La policía estaba alerta y lo detuvo cuando iba al encuentro de un cliente en Pueyrredón y Mitre.
Otra prueba lo complicó y mucho al acusado. Un video lo detectó en la fuga, chupándose un dedo, con un bolso donde llevaba lo robado a la víctima.

Le hicieron un ADN y dio positivo con sangre levantada en la escena del crimen. Para el juez, el brasileño se cortó en el ataque criminal. Para defenderse trató de argumentar que se había cortado con un cuchillo preparando una picada. No le creyeron. Ahora va a juicio.

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