Emoción violenta, la figurita repetida

Escribe Mauro Szeta

En los últimos días, asistimos a una seguidilla de casos donde los acusados de matar o herir, alegan que lo hicieron en estado de emoción violenta.

Ahora, la historia está centrada en el caso de una mujer que sospechaba que su novio, un cirujano, la estaba engañando.

Entonces, la mujer decidió confirmarlo con sus ojos. Viajó desde José C Paz hasta el departamento de él, en Olivos, y lo acreditó con sus ojos.

Cuando entró al departamento, -tenía llaves-, encaró a la pieza matrimonial, abrió la puerta, y encontró al doctor, teniendo sexo con una amante de 23 años.

Con un cuchillo que, al parecer, tomó del departamento, la mujer apuñaló por la espalda al médico y lo dejó en grave estado.  A la amante, no la tocó.

Más tarde, terminó detenida por la Policía.

En la indagatoria, la mujer hizo un relato con lagunas parciales. Se acordó partes, menos, el momento del ataque.

Así las cosas, la amante y un policía que llegó al departamento, desmienten su "mente blanca".

La escucharon gritar: "Hijo de puta, me engañaste, ahora morite".

Ahora empieza el debate jurídico para acreditar si se trató de una legítima defensa, o, no.

Otra que intentará el mismo argumento es la mujer de origen taiwanés, acusada de matar a la suegra, en Munro.

Ya, en su confesión, alegó que mató sin querer, y que enfureció cuando la víctima, la insultó, escupió y le tiró té por la espalda.

Ahora, serán los peritos, y la justicia, los que determinen, si las agresores, lo hicieron en estado de emoción violenta, o, no.

La diferencia no es menor. La pena posible para quien comete un ataque en estado de emoción violenta, baja de modo considerable, y puede dejar en la calle, a los homicidas.

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