Uno de los dos fue seguro. Uno de los dos fue el violador. Pero, por razones genéticas, no fue ninguno.
La historia es increíble. El fallo es legal, pero injusto, sin dudas. Pasó en Concepción del Uruguay. Luis "El Melli" Wagner estaba cumpliendo una pena de 9 años de cárcel por dos violaciones muy parecidas ocurridas en 2010. En los dos casos, se trató de estudiantes, abordadas, asaltadas y violadas. Por esos dos ataques, le dieron 9 años de cárcel en un juicio abreviado.
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Luego, el banco genético reveló que un tercer ataque sexual, ocurrido previo a estos dos, se correspondía con el mismo perfil genético que Wagner. Entonces, Wagner empezó a ser juzgado por esa violación y jugó su carta maestra en el juicio: dijo que el violador era su gemelo. Entonces, se paró el juicio y se encargó un cotejo genético crucial. El gemelo, libre y sólo testigo se sometió al estudio. Y ahí surgió el problema medular.
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Su ADN resultó idéntico al de su hermano condenado por violación que lo acusó en el juicio. Como la única prueba que había de la violación era el ADN -no existían pruebas complementarias, y el atacante actuó encapuchado-, la justicia decidió absolver al "Melli" Wagner por el beneficio de la duda. Wagner volvió de la cárcel. Se fue del Tribunal lo más campante. Todos sabían en la sala que, probablemente, era el violador, pero el ADN que lo terminó incriminado, lo terminó soltando. Tremendo.
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