Lo buscaban por ocho homicidios. Su última jugada criminal fue artera, como las otras. De diez balazos, asesinó a un testigo que había declarado en su contra por otro homicidio.
Rodrigo Salinas, apodado "Secue", se había convertido en uno de los demonios del barrio Villegas de La Matanza, donde muchos, dirimen sus cuestiones sólo a los tiros, sin palabras.
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Esta vez, "Secue" pasó la línea. El jueves, un testigo valiente, se había animado a declarar contra él y dos de sus soldados. Los había incriminado directamente en la autoría material de un asesinato.
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Entonces, los dos laderos de "Secue" terminaron presos. Y "Secue" llevó adelante la venganza criminal.
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El testigo terminó asesinado. La justicia dijo basta. Los fiscales especializados en homicidios montaron un operativo de urgencia.
La policía ubicó a "Secue" y hubo un tiroteo brutal. Salinas cayó muerto.
Atrás quedó su prontuario, su leyenda criminal. Mataba por nada. Mataba a rivales, mataba por vueltos "narco" y también mataba porque no le gustaba que lo miren.
Murió en su ley de sangre y fuego.
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