Los casos se suceden como si nada. Criminales que matan por matar. Esta columna no es la misma de la semana pasada. El viernes nos conmovimos con la historia de Rafael Ruiz, muerto de un balazo al ser atacado desde una camioneta, cuando volvía en tren después de los escandalosos festejos por el día del hincha de Boca. Le tiraron sin motivo, sólo porque iba en un tren repleto de hinchas de Boca. Y lo mataron, no le dieron tiempo a nada.
El domingo a la noche, el drama se mudó a Rosario. Una camioneta cargada con hinchas de Newell's, volvía a Buenos Aires después del partido con Lanús. Eran hinchas de la filial Capital. Los emboscaron. Los asesinos iban en moto. Vestían remeras de Central. El ataque fue descomunal. Hubo dos muertos y dos heridos. Violencia pura y extrema.
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Para cerrar las últimas 72 horas. En Tortuguitas, mataron a Juan Paparini que festejaba el cumple de 15 de su hija. Fue durante un robo en la casaquinta. Le tiraron sin motivo y lo mataron. En Lanús, un policía federal le metió un tiro en el ojo a un motociclista sólo porque tuvieron un incidente de tránsito. Otra vez tirar por tirar, matar por matar. Una sociedad, con claras señales de decadencia.
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