Miente, miente, que la coartada cae

Escribe Mauro Szeta

Lo que parecía ser un caso de inseguridad, no lo era. El acusado del crimen se encargó de mentir, se encargó de instalar una versión irreal del asesinato, pero la coartada se le "pinchó", le duró poco, y terminó preso. El caso es así. Ayelén tenía 15 años. La asesinaron a balazos en Pasaje de Quito al 4800, en Monte Chingolo.

De arranque, su cuñado y su hermana, dieron la misma versión ante la policía: entró un ladrón a robar, y la mató a Ayelén a balazos, para llevarse su celular. Es más, el cuñado y la hermana de la víctima, sumaron otro dato más: orientaron la causa hacia un ex novio de Ayelén, al que mencionaron por su apodo.

Todo se encaminaba a un caso más de inseguridad, hasta que la policía descubrió que estaba ante un engaño. Y en pleno velatorio de la chica, resolvieron el caso.

El cuñado de Ayelén, de 19 años, lloraba "lágrimas de cocodrilo" en la sala velatoria. A su lado, la hermana de la chica, lloraba también.

Primero encontraron el arma usada en el crimen en la casa de un pariente del cuñado. De a poco, empezaron a surgir indicios que revelaban que el crimen no era un caso de inseguridad urbana, sino que lo había cometido alguien del entorno familiar de la chica. Así, en pleno velorio, se llevaron preso al cuñado.

También arrestaron a la hermana de Ayelén. Lo que falta saber ahora es por qué mataron a la chica. El cuñado, ante el fiscal, se negó a declarar. Ya no era tiempo de insistir con mentiras. Era tiempo de silencio.

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