Relaciones peligrosas
Envuelto en un caso de homicidio, Pablo Migliore alegará, sin quebrar la lealtad barra, que decidió hablar o ayudar al prófugo por temor a que le pasará algo a él, o a su familia. En el mundo barra, también se sabe, las traiciones se pagan con un tiro.
Escribe Mauro Szeta
Algún día iba a pasar. La relación entre un barra brava y un futbolista se convirtió en noticia de la crónica policial. Ese vínculo que los futbolistas se empecinaban en destacar como sano y típico del folclore del fútbol, hoy tiene su precio: la cárcel para Pablo Migliore.
Hasta ahora, a los futbolistas y barras los veíamos juntos en rifas y actos de beneficencia vinculados a los clubes. Ahora, Migliore enfrenta un cargo muy grave: ayudar y proteger en la clandestinidad a Maximiliano Mazzaro, el dos de La 12. La imputación lo puede mandar a la cárcel a un tiempo que va de uno a seis años.
Tal vez el futbolista intente justificar su presunta protección al barra denunciándose víctima de una extorsión o un apriete. Alegará, sin quebrar la lealtad barra, que decidió hablar o ayudar al prófugo por temor a que le pasará algo a él, o a su familia, si no lo hacía. Porque está claro también en el mundo barra: las traiciones se pagan con un tiro.
Todavía no se sabe bien qué hizo Migliore para ayudar a Mazzaro prófugo por un homicidio. Se dice que se vieron, se dice que le prestó un teléfono, se dice que le dio plata para financiar su fuga. Lo que está claro es que, más allá de la prueba y de esta acusación concreta, Migliore nunca debió estar al lado de la barra. No sólo estuvo, sino que, siendo arquero de otros clubes, cada vez que pudo se sacó fotos con La 12 para mostrar que pertenecía. Hoy ese pertenecer, más allá de la prueba concreta, lo mandó a la cárcel.
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