Un asesinato brutal, un teléfono, la clave

Escribe Mauro Szeta

El asesinato de Solange Villalba, de 14 años, en Villa Empalme Constitución, fue cruel, perverso. No sólo la mataron. La lesionaron en la zona genital y la prendieron fuego.

La mecánica criminal, de arranque, generó sospechas. ¿Tanta crueldad a qué obedecía?, se preguntaron los investigadores. La respuesta llegó días más tarde, casi por el azar. El sospechoso del crimen resultó ser un remisero, de 22 años. El caso se resolvió así. El remisero descartó el celular de la víctima en el asiento trasero de su remis. A ese coche, subió una pasajera, que encontró el celular y, en vez de devolverlo, se lo quedó, tratando de sacar tajada. A las horas, la pasajera vio por la televisión la noticia del crimen de Solange, vio sus fotos, y rápidamente lo asoció con el contenido del teléfono que había robado del remís. La pasajera entregó el teléfono a la policía.

Así, los investigadores determinaron que Solange y el acusado se conocían, se mensajeaban y, al parecer, tenían una relación sentimental. Según la policía, el remisero decidió poner fin al vínculo porque tenía mujer. Solange quería seguir la relación. El remisero no tuvo mejor idea que matarla "para sacársela de encima". Ahora está preso. Hay otro dato que lo complica: la pasajera que iba en el remís declaró que el chofer, ahora, acusado del crimen, tenía olor a combustible. El dato no es menor. A Solange, la prendieron fuego.

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