La historia cobra fuerza ahora, a días del asesinato mafioso de un colombiano en Palermo. Pasó hace 2 años, y el caso revela cómo opera el sicariato internacional. En su oficina del centro, el abogado Germán Flies Maurer, recibió la visita de un ciudadano colombiano que le pedía tramitar su radicación en el país.
El colombiano juramentaba estar limpio, no tener problemas con la ley, ni acá, ni allá. Es más, aseguraba que su única intención era vivir en Argentina porque era un país más tranquilo que Colombia, y que estaba enamorado de su mujer venezolana. En una visita anterior, como prueba de lealtad, el colombiano había armado una pequeña treta. Le había pagado al abogado 100 pesos más de lo que habían pactado como honorario de la entrevista.
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Al rato, el abogado detectó el billete de más y le dijo a su cliente que sobraban 100 pesos. Ese gesto, le alcanzó al colombiano para no dudar del abogado y contratarlo. Después de la segunda entrevista, sobrevino el crimen. El colombiano se fue del estudio de Flies Maurer, y 12 minutos más tarde, fue ejecutado por un sicario en pleno Recoleta. Del estudio, el colombiano fue a una cochera en la calle Marcelo T de Alvear. Cuando salió a la calle, lo ejecutaron desde una moto. No le robaron nada. El criminal descartó la moto que usaba. Luego arrojó el arma homicida en una iglesia. El acto criminal estaba cumplido.
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Con los días se supo que el asesinado era un sicario colombiano apodado "Mojarro". Se acusó de su crimen a un jefe narco colombiano. Nunca se pudo probar nada.
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