¿Y la platita?
Escribe Mauro Szeta
Un robo de 20 millones de dólares, unos años en la cárcel, y la libertad definitiva. Y la plata que no aparece.
Conclusión: más allá de uños de prisión, para los ladrones "fue un golpe perfecto". Y por qué perfecto. El razonamiento es fundamental. Los condenados por el asalto al Banco Río de Acassuso estuvieron presos, en el peor de los casos, ocho años.
Ahora, salieron. La libertad fue legítima. Los condenaron a penas que no superaron los 15 años de cárcel. El cómputo temporal los favorece. Todos fueron accediendo, primero, a libertades transitorias, o laborales, hasta que obtuvieron libertades asistidas, o condicionales.
Otros, cumplieron las penas en su totalidad. La pregunta de fondo es: la plata del asalto nunca apareció. Sólo se recuperó 1 millón de dólares de lo robado. La otra pregunta que subyace es: ¿si la plata nunca apareció, los ladrones saben dónde está, y les llegó el turno de gastarla?.
Desde lo jurídico, los delincuentes, ya liberados, no pueden ser vigilados. No se los puede perseguir, para saber dónde y cómo gastaran el botín. Conclusión: si la plata no aparece, el golpe fue perfecto.
La cárcel para muchos de esos condenados, es cuestión de rutina. La platita nunca más apareció. Liberados, algunos tomando sol, y otros destapando el mejor vino, se rien de todos, y dicen: "llegó el turno de gastarla".
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