Momento complicado dentro y fuera de la cancha
Por Télam
Los chicos que viven en la pensión, en la llamada “Casa de Racing” o “Casa de Tita”, que está ubicada en lo que era la vieja confitería del estadio de Avellaneda conocida como “El Hongo”, no la están pasando bien, lo mismo que los empleados que trabajan ahí.
En ese sentido, al cocinero, de nombre Miguel, hace tres meses que no le pagan el sueldo –le aseguraron que ya están los cheques- y sigue yendo a trabajar por pedido de los chicos.
Una de las noches de la semana pasada lo único que pudieron comer los juveniles, quienes deberían ser el futuro de Racing, fue salchicha con puré.
En estos días, los proveedores se negaron a llevar los alimentos solicitados porque la gerenciadora tenía una deuda más que importante con ellos, que prometieron cancelar en estas horas.
Todo esto sucede en el presente, pero en un pasado muy lejano, hace un par de meses, al predio Tita Mattiussi le cortaron la luz por falta de pago. “Se les traspapeló la boleta”, contó Mangareto que le dijeron desde Blanquiceleste.
“Hay que seguir el proyecto Lanús, ahí está el futuro del fútbol argentino”, dijo Fernando De Tomaso hace un tiempo, cuando anunciaba que Miguel Micó se hacía cargo del plantel profesional, imitando la continuidad de Ramón Cabrero en el Granate.
Claro, que Micó ya no es el técnico de Racing, y no se fue al Manchester como anunció graciosamente el gerenciador –Ferguson se puede quedar tranquilo- y cada vez son menos los chicos que juegan en la primera división.
El proyecto que lleva adelante Lanús no sólo consta en formar a los chicos como jugadores de fútbol, sino que los alimentan, los obligan a estudiar y nunca se olvidan de pagar las boletas de la luz. Por eso hoy el Granate es un club grande. Es que es grande en proyectos y más grande en futuro.
Por eso, Racing hoy está al borde de una crisis institucional, cuyo final es incierto, más allá de la suerte que corra el equipo profesional, que lucha desesperadamente por mantenerse en primera, por más que eso parezca a esta altura una quimera, aunque cualquier sea el final no podrá ocultar todos los problemas que hay en una empresa que llegó para hacer las cosas bien, pero que le sale todo mal.
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