Mundial '78, ¿alegría o fraude?: 30 años después, el debate sigue
Argentina78
"Cuando estaba por empezar el partido nos visitaron en los vestuarios autoridades del gobierno argentino, encabezadas por el general (Jorge Rafael) Videla. Nunca había visto algo así", confió Manzo.
Y el 25 de junio de 1978 se jugó la final, desde las 15.00, en una cancha de River Plate colmada, frente a una Holanda que había deslumbrado en el anterior mundial de Alemania '74, pero cayó en la final ante los locales.
La historia volvería a repetirse para la todavía llamada "Naranja mecánica", que llegó a la Argentina sin su gran figura, Johan Cruyff, porque se había negado a jugar el mundial ya que en el país no se respetaban los derechos humanos.
Los exiliados y distintos organismos internacionales de derechos humanos revelaban por entonces, especialmente en Europa, la realidad que se vivía en Argentina.
El conjunto albiceleste venció con justicia a Holanda, aunque sufriendo y en tiempo suplementario, por 3 a 1, con dos goles del máximo anotador del mundial, Mario Kempes (seis tantos) y el restante de Daniel Bertoni.
Al término del encuentro, las imágenes del capitán Daniel Passarella recibiendo la Copa del Mundo de manos del propio Videla y el posterior saludo con Menotti, que en ese momento pretendieron ser símbolos de gloria y alegría, 30 años después representan una figura macabra de aquella dictadura que tuvo como luctuoso saldo 30.000 argentinos desaparecidos.
Pero como todo hecho cultural, y sobre todo en Argentina, la instrumentación que hizo del fútbol el gobierno de facto que castigó al país durante siete largos años, lo terminó mostrando derrotado ante la historia.
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