Mundial '78, ¿alegría o fraude?: 30 años después, el debate sigue

El primer campeonato mundial obtenido por Argentina, hecho del que se cumplen hoy 30 años, tuvo lugar por mérito de un gran equipo de fútbol y en suelo propio, pero ante un pueblo flagelado por una dictadura atroz que lo transformó en estandarte propagandístico y terminó estigmatizándolo ante la historia.

"Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia", entonaba Silvina Garré cuando a principios de los 80 el llamado Proceso de Reorganización Nacional agonizaba.

El paso del tiempo, el reconocimiento del horror, los testimonios, luchas inquebrantables como las de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, permitieron que el "leiv motiv" de ese tema revirtiera su esencia y la historia real pudieran escribirla los que perdieron durante aquellos años de totalitarismo: todos los argentinos.

Y en medio de este libro del dolor, el Mundial '78 ocupó uno de sus principales capítulos, una especie de portada que envileció con los años una conquista deportiva también muy deseada por los argentinos.

Fue, es y será muy difícil, prácticamente imposible separar las aguas, más allá de que algunas voces se levantaron señalando que el técnico César Luis Menotti estaba relativamente al tanto de la situación, pero no así los futbolistas.

La goleada de Argentina sobre Perú por 6 a 0 (necesitaba cuatro tantos para pasar a la final), obtenida en cancha de Rosario Central, también alimentó una sospecha que jugadores de aquel equipo incaico como Humberto Manzo y Juan Carlos Oblitas confirmaron posteriormente.

"Cuando estaba por empezar el partido nos visitaron en los vestuarios autoridades del gobierno argentino, encabezadas por el general (Jorge Rafael) Videla. Nunca había visto algo así", confió Manzo.

Y el 25 de junio de 1978 se jugó la final, desde las 15.00, en una cancha de River Plate colmada, frente a una Holanda que había deslumbrado en el anterior mundial de Alemania '74, pero cayó en la final ante los locales.

La historia volvería a repetirse para la todavía llamada "Naranja mecánica", que llegó a la Argentina sin su gran figura, Johan Cruyff, porque se había negado a jugar el mundial ya que en el país no se respetaban los derechos humanos.

Los exiliados y distintos organismos internacionales de derechos humanos revelaban por entonces, especialmente en Europa, la realidad que se vivía en Argentina.

El conjunto albiceleste venció con justicia a Holanda, aunque sufriendo y en tiempo suplementario, por 3 a 1, con dos goles del máximo anotador del mundial, Mario Kempes (seis tantos) y el restante de Daniel Bertoni.

Al término del encuentro, las imágenes del capitán Daniel Passarella recibiendo la Copa del Mundo de manos del propio Videla y el posterior saludo con Menotti, que en ese momento pretendieron ser símbolos de gloria y alegría, 30 años después representan una figura macabra de aquella dictadura que tuvo como luctuoso saldo 30.000 argentinos desaparecidos.

Pero como todo hecho cultural, y sobre todo en Argentina, la instrumentación que hizo del fútbol el gobierno de facto que castigó al país durante siete largos años, lo terminó mostrando derrotado ante la historia.

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