Qué dice la primera encíclica del papa Francisco

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El pontífice pidió recuperar la fe en un tiempo en que creer es visto como "una ilusión". Además, definió al matrimonio como "la unión estable entre un hombre y una mujer".

El papa Francisco llamó a recuperar la fe en un tiempo en que creer es visto como "una ilusión" y "salto al vacío", y exhortó a no "dejarse robar la esperanza", en su primera encíclica como pontífice, escrita por dos jefes de la Iglesia.

En el documento "La Luz de la fe" (Lumen fidei), redactado en tiempo récord y presentado este viernes en el Vaticano, apenas cuatro meses después de iniciado su ministerio petrino, el Papa argentino concluyó un trabajo sobre la virtud teologal de la fe, que inició su predecesor, Benedicto XVI.

La autoría intelectual de la carta es en esencia del Papa emérito, tal como reconoce Francisco en su introducción: "Benedicto XVI ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones".

En la encíclica, Bergoglio reitera que el matrimonio es "la unión estable entre un hombre y una mujer" y exhorta a la pareja a cultivar la fe en la familia, con los hijos.

El pontífice argentino incorporó su pluma en la introducción y sobre todo en la conclusión, cuando vincula la fe con la esperanza, la caridad y la construcción de un mundo más justo en medio del sufrimiento.

En la introducción, el Papa advierte que en el mundo actual la fe es asociada a "la oscuridad" y considerada como "un salto al vacío".

Por esto, estima "urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo".

"La Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado", sostiene al vincular fe, esperanza y caridad como un único camino hacia "la comunión plena con Dios".

Ante "la tentación de la incredulidad" y la idolatría, que "no presenta un camino, sino una multitud de senderos, que no llevan a ninguna parte", el pontífice propone la fe como "un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse".

Tras el repaso a la historia de la fe en el seno de la Iglesia y el camino de la humanidad, la encíclica se detiene a apuntar que "la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz".

"La fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio", se afirma en el texto.

Francisco sostiene que la fe debe "encontrarse" en todos los ámbitos donde el hombre "vive y sufre", porque "la fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo".

"La fe es un bien para todos, es un bien común", que "ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza" y que irradia "luz para la vida en sociedad", subraya.

"La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano", lo cual permite, además, respetar más la naturaleza; "nos enseña a identificar formas de gobierno justas" y nos obliga a practicar la "paciencia y el compromiso", agrega.

Por último, Francisco y Benedicto XVI recuerdan que "la fe va de la mano de la esperanza", e instan a los creyentes a no "dejarse robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino".

A lo largo de cuatro capítulos, la encíclica recupera temas clásicos de Joseph Ratzinger acerca de la unidad de la fe, la salvación, los derechos y deberes de la teología y la primacía de la Iglesia como antídoto frente al relativismo de la cultura actual.

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