Qué dice la primera encíclica del papa Francisco
El pontífice pidió recuperar la fe en un tiempo en que creer es visto como "una ilusión". Además, definió al matrimonio como "la unión estable entre un hombre y una mujer".
Por esto, estima "urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo".
"La Iglesia nunca presupone la fe como algo descontado", sostiene al vincular fe, esperanza y caridad como un único camino hacia "la comunión plena con Dios".
Ante "la tentación de la incredulidad" y la idolatría, que "no presenta un camino, sino una multitud de senderos, que no llevan a ninguna parte", el pontífice propone la fe como "un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse".
Tras el repaso a la historia de la fe en el seno de la Iglesia y el camino de la humanidad, la encíclica se detiene a apuntar que "la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz".
"La fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio", se afirma en el texto.
Francisco sostiene que la fe debe "encontrarse" en todos los ámbitos donde el hombre "vive y sufre", porque "la fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo".
"La fe es un bien para todos, es un bien común", que "ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza" y que irradia "luz para la vida en sociedad", subraya.
"La fe nos enseña que cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano", lo cual permite, además, respetar más la naturaleza; "nos enseña a identificar formas de gobierno justas" y nos obliga a practicar la "paciencia y el compromiso", agrega.
Por último, Francisco y Benedicto XVI recuerdan que "la fe va de la mano de la esperanza", e instan a los creyentes a no "dejarse robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino".
A lo largo de cuatro capítulos, la encíclica recupera temas clásicos de Joseph Ratzinger acerca de la unidad de la fe, la salvación, los derechos y deberes de la teología y la primacía de la Iglesia como antídoto frente al relativismo de la cultura actual.
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