Murió Margaret Thatcher, la Dama de Hierro británica

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La ex primera ministra británica conservadora falleció este lunes a los 87 años de un ataque de apoplejía.

La ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher murió este lunes a los 87 años de un ataque de apoplejía, informó su portavoz, lord Bell. Se reponía de una operación de cáncer de vesícula que le fue realizada en octubre de 2012.


"Con gran tristeza Mark y Carol Thatcher anunciaron que su madre, la baronesa Thatcher, ha muerto en paz tras una apoplejía esta mañana", señaló Bell en un escueto comunicado.

La llamada "dama de hierro", la única mujer que llegó al puesto de primera ministra en el Reino Unido y se enfrentó a Argentina en la guerra de las Malvinas en 1982, estuvo en el poder entre 1979 y 1990.

Margaret Hilda Roberts nació el 13 de octubre octubre de 1925 en Grantham, al norte de Inglaterra, en una familia de modestos recursos que sufría la crisis económica del período de entre guerras. 

Luego de recibirse en Ciencias Químicas, arribó a la política de la mano de su esposo, el empresario petrolero Denis Thatcher, en los años 50. A fines de esa década ingresó como legisladora a la Cámara de los Comunes por el Partido Conservador, que nunca abandonaría.

Llegó a primera ministra en 1979 en medio de la crisis económica y el debilitamiento del Partido Laborista. Fue conocida como Dama de Hierro por sus políticas de ajuste económico y bloqueo furioso contra la entonces Unión Soviética

Pero la dureza de sus medidas no fueron para todos los sectores: dirigió sus fuerzas especialmente a recortar el gasto público social, en educación, y a reprimir las medidas de fuerza y los derechos de los trabajadores. En ese sentido fue "de hierro" contra los sindicatos, a los que despojó de todo poder.

Por caso, una medida que la describe de cuerpo entero fue su primera acción como secretaria de Asuntos Sociales, a principios de los 60: decidió abolir la distribución gratuita de leche en las escuelas

Recorte presupuestario y achicamiento del Estado 

La merma industrial británica, la preocupación por la inflación y la alta desocupación la empujaron a una guerra imperialista en las Islas Malvinas contra el intento de recuperación de la Argentina, en 1982. Ese año y esa guerra dieron a Thatcher un renovado brillo en su imagen popular y dio cauce a un mandato que se extendería 8 años más

Las políticas neoliberales –recorte en educación, privatización de empresas estatales y transporte público, así como la dureza contra huelgas y medidas contra los trabajadores- le valieron el rechazo de amplios sectores de la población. Hacia finales de los 80, el descontento generalizado y la crisis que paralizaba la economía británica la obligaron a renunciar. Aun así, permaneció en la vida política inglesa, siendo fuente de opinión y consulta y una imagen destacada del sector conservador.

No es casual que el primer ministro británico, David Cameron, la despidiera este lunes con honores: "Hemos perdido una gran líder".

Thatcher y la Argentina

La relación de Thatcher con la Argentina fue especial: la guerra de las Islas Malvinas salvó su gobierno. En aquella época, en medio de las críticas que le auguraban una derrota o que le cuestionaban llevar a cabo una guerra tan lejana, la "Dama de Hierro" no dudó en enviar todas las fuerzas. 

A pesar de que la desclasificación actual de viejos documentos secretos revelan que la iniciativa de recuperar las Islas fue resistida en el Parlamento, Inglaterra ganó la guerra y Thatcher recibió el beneplácito de una victoria que cayó bien en la población de una potencia militar de ultramar como Inglaterra. 

Difícil será que los argentinos olviden el hundimiento del crucero General Belgrano –el 2 de mayo de 1982-, en zona de exclusión de las acciones de guerra. Ese gesto, que acabó con la vida de la mayor parte de los 649 argentinos fallecidos en el conflicto armado, denota la importancia que la primer ministro birtánica le asignó a la misión.

La invasión la había tomado por sorpresa, según confesó años más tarde. También confesó el apoyo incondicional de Augusto Pinochet, que comandaba la sangrienta dictadura chilena y dio sustento a los británicos y la búsqueda de un acuerdo político que previniese la inesperada ofensiva argentina. Nada la detuvo una vez que se desató el conflicto, la guerra acabó pronto: solo 74 días para que –con 255 hombres menos-, Inglaterra rubricara su dominio imperial a 12500 kilómetros .




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