Los entonces príncipes herederos quedaron encantados con el lugar y este verano estrenaron su propia casa, ubicada en Porto Jéli, en la península del Peloponeso, justo frente a la isla de Spetses. La residencia costó 4,5 millones de dólares y ahora tendrán de vecinos al actor Sean Connery y al presidente ruso Vladimir Putin.
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Pero la opinión pública holandesa no está lista
para aceptar que sus flamantes soberanos posean una propiedad de 4000 metros
cuadrados que consta de tres casas individuales, una pileta, y playa y puerto propios. A pesar de las críticas, el gobierno local no se pronunció sobre el tema al tratarse de una decisión de la vida privada de los monarcas.
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Lo que ocurre es que el rey Guillermo Alejandro deseaba poseer un lugar fijo de vacaciones, para seguridad de su mujer, la reina Máxima, y sus hijas, Amalia, Alexia y Ariana. Así, la compra fue efectuada antes de que la pareja fuera coronada y se hizo pública recién esta semana.
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Puede que Grecia siga sumida en una de las crisis económicas más profundas de su historia, pero los reyes de Holanda decidieron que el mar Mediterráneo era el lugar perfecto para sus vacaciones, de la misma manera en que lo era su casa en la península de Machangulo, en Mozambique, de la que tuvieron que desprenderse en 2009 tras una controversia similar a la actual.
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