Sarkozy y una crisis que sacude a su gobierno
La heredera de la millonaria L'Oréal, Liliane Bettencourt, destapó la olla en Francia: dijo que financió al gobierno de Nicolas Sarkozy con 150.000 euros para la campaña de 2007.
Sarkozy efe
Por EFE
Tampoco el Elíseo ni los miembros del Gobierno entraron en el fondo de las acusaciones de la contable, a la espera de que el jefe del Estado decida la forma y el momento -según las filtraciones a los medios en los próximos días- y se limitaron a negar rotundamente todo y a denunciar que la oposición trate de aprovechar para desacreditar al Ejecutivo.
El ministro francés del Presupuesto, François Baroin, es el que fue más lejos en esa línea al acusar al grupo socialista, que exigía explicaciones en la Asamblea Nacional, de alimentar la extrema derecha al "lanzar acusaciones sin pruebas", lo que provocó el abandono del hemiciclo de los diputados de la oposición.
Momentos antes, la titular francesa de Justicia, Michèle Alliot-Marie, había tachado de "lamentable" que los socialistas hubieran olvidado que "la inocencia se presume y la culpabilidad se demuestra" y aseguró que "la justicia está investigando" y lo hace "de forma totalmente independiente".
Desde la oposición socialista, su portavoz, Benoît Hamon, pidió la dimisión de Woerth por una "confusión entre los intereses públicos y los privados", en alusión a las sospechas de que, como responsable de la política fiscal entre 2007 y 2010, dio un trato de favor a Bettencourt, para quien trabajaba su esposa como asesora en la gestión de su fortuna.
Woerth, a quien el presidente francés se esforzó en defender hasta ahora, descartó renunciar porque, a su juicio, eso serviría para "dar la razón" a los que desde hace tres semanas participaron en una "campaña" en su contra y aseguró que su partido "no recibió un euro ilegal".
Lo cierto es que dentro de la mayoría presidencial algunos pesos pesados, como el presidente de los diputados de la UMP, Jean-François Copé, y el ex primer ministro y senador Jean-Pierre Raffarin, pidieron públicamente a Sarkozy que se dirija a los franceses para aclarar las cosas.
Un escenario que le obliga, de nuevo, a modificar los planes de un cambio de Gobierno, que la semana pasada había dicho que quería hacer en octubre, pero que tuvo que empezar a adelantar el pasado domingo con la dimisión de dos secretarios de Estado que estaban en la picota por haber abusado del dinero público.
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