Nieve sobre Buenos Aires: el poderoso ritual de la magia blanca

¿Es? ¿ Parece? ¿Será?
Nieve sobre Buenos Aires.
Lo que empezó como una duda, como la reformulación de una hipótesis mil veces enunciada y otras tantas desechada, de pronto se transformó en realidad 100% tangible, nada de palabras, todo imagen, textura y temperatura comprobable por el más exigente de los peritos de laboratorio.

En silencio, casi en secreto, la fantasía se mudó a las ventanas y balcones de  los que observaban, incrédulos, como la magia hacía pie en su territorio sin pedir permiso.
El democrático hechizo cayó sobre todos: chicos, grandes, perros, gatos, ricos, pobres,  los eufóricos de siempre y también los pragmáticos urbanos que no pudieron sino rendirse ante la imponente sutilidad luminosa. Esa lluvia suspendida en el aire nos recordaba  lo que de vez en cuando intuimos o por lo menos creemos intuir: la magia existe.

De manera imprevista, lo que pensamos sería un instante se transformó en un prolongado tiempo fuera del tiempo, en una nave que nos permitió despegar de las cotidianeidades del feriado, el frío, el fútbol y el chocolate caliente para viajar al mundo de nuestros sueños y llegar a la impresionante conclusión de que tal vez, las ilusiones más alocadas no lo sean tanto.

Si puede nevar en Buenos Aires, todo es posible…
Tal vez ese fue uno de los motivos de la euforia.
Tal vez todos necesitemos soñar un poco más, a pesar del stress, de la falta de energía, del frío, de los políticos…

En una ciudad en la que el horizonte se estrella cada cinco minutos contra un edificio, la nieve cubrió todo para que las expectativas puedan deslizarse y recordarnos, por un rato,  que basta un pequeño cambio en el escenario para que hasta los hirsutos rostros de los porteños se tomen unas vacaciones.

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