Operación casino

*El fenómeno de los casinos dentro de la industria de los juegos de azar no para de crecer. En Buenos Aires son otra opción válida para la diversión o algo así, T. Night nos cuenta cómo lo trató la suerte.

Casinos y Bingos a lo largo de la ciudad y alrededores son las variantes que la gente tiene para ir y disfrutar de los juegos de azar en la noche de nuestra ciudad.


Como hace unos cuantos años que no apostaba mi dinero en juegos, me fui a visitar el flotante de Puerto Madero. Además, como no tengo mucha idea del juego, llevé conmigo a un amigo que algo de black jack entiende, o eso me dijo antes de llegar al lugar, ejem…

Cuando llegamos, lo primero que noté es que a los del casino les había ido muy bien en este último tiempo, ya que a falta de un barco, ahora hay dos. Estaba enterado de que no te dejan ingresar con el celular con cámara de fotos, así que para evitar trámites molestos, hice lo más simple y lo dejé en el auto.

El lugar es una suerte de Eladia Isabel en cuanto a su estética onda Las Vegas (para los que no saben, se tarta de uno de los barcos de Buquebús con los que vas al Uruguay), que posee varios niveles con mesas de juego.


En el subsuelo, lo único que hay son tragamonedas (si pasan por ahí, fíjense bien en cada máquina y capaz tienen mi misma suerte y encuentran un par de monedas olvidadas por algún apostador). Cómo no era mi sector, ahí duré poco y nada. Y el tercer piso tampoco era nuestro sitio, ya que ese es el salón dorado y no estábamos económicamente equipados como para estar ahí (quizás si algún día soy como Sofovich o alguien así puede ser que lo conozca).


Igualmente, por cualquier eventualidad, los encargados de estos lugares pensaron en el servicio al cliente e instalaron cajeros automáticos ideales por si uno tiene ganas de patinarse el sueldo en un par de horas.

Ya en el primer y el segundo nivel, lo que hay son mesas de póker, punto y banca, black jack y todo tipo de juego de cartas, además de las clásicas ruletas. Están divididas en apuestas mínimas de 25 pesos y de 10 pesos, por eso nuestro destino era el obvio: las más económicas.


Estuvimos un rato largo buscando espacio para desarrollar nuestras apuestas, ya que, como siempre, estaba a full de gente.


Lo que no cambio desde la última vez que había pisado ese sitio fue la gran cantidad de orientales que hay apostando y grandes sumas de dinero. Se ve que el negocio de las tintorerías y supermercados chinos, coreanos, japoneses, taiwaneses y demás que se instalaron en Argentina, no son mal negocio…

Una vez que encontramos sillas libres para apostar en el black jack, cambiamos 100 pesos cada uno para poder jugar un rato. Todo hacía parecer que estábamos ante una gran noche de juego. Yo llegué a ganar la mitad de lo que había puesto y mi amigo había doblado su dinero.


Siempre que cambia el crupier, te recomiendan que agarres tus fichas y que dejes la mesa, pero como seguíamos en la buena, no le hicimos caso a esa teoría.


Al rato aparece una bella señorita, para mí oriunda de Europa del este, que nos consulta que queríamos tomar de invitación. Ahí fue cuando pedí unos whiskies y fue nuestra perdición. Ya nuestra atención estaba en otra parte, así como vino la bebida se fueron nuestras fichas.

Tuvimos manos en las que ganábamos, otras perdíamos. Al tercer cambio de crupier pensamos en dejar la mesa de una vez, pero queríamos remontar hasta quedar con lo que habíamos puesto. Es por eso que nos quedamos con la niña con cara de buena que nos daba las cartas. Pero fue como el muñeco Chucky, porque nos terminó liquidando.


El Casino es un lugar bonito, divertido, pero es un centro de perdición. Esta bueno juntarse a jugar, pero si las fichas las paga otro, porque después sufrís en proporción a la cantidad que perdés. Claro que para Las Vegas le falta y mucho, pero esta bueno como opción en Baires para entretenerse un poco (siempre y cuando no se te haga vicio y apuestes hasta lo que no tenés).

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