+ allá de todos

El director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) analiza el carácter de la irrupción de Sergio Massa en las elecciones Legislativas.

Escribe Glenn Postolski (*)

El candidato Sergio Massa condensa, en su sola figura, dos dimensiones que cobran fuerza en la Argentina actual: la neoterritoralización de la política y la construcción mediática del "gentismo". En ese marco, el Intendente de Tigre emerge como un anti político.

La candidatura a diputado de Sergio Massa pone en primer plano un fenómeno político reinstalado en la Argentina desde la crisis del año 2001, la neo territorialización de la política. Una forma de construcción política que se asienta en actores que mantienen una relación de proximidad con los espacios de poder fáctico locales sumada a la capacidad de movilización de los llamados punteros. 

La relevancia electoral de la provincia de Buenos Aires (donde vota el 38% del padrón) focaliza también el interés de los grandes poderes económicos y simbólicos. Estos ven en esa disputa no solamente la confrontación por un espacio parlamentario, sino la esperanza de haber hallado nuevamente un líder que combine las expectativas de las corporaciones monopólicas con cierta raigambre popular, solo posible de la mano de un candidato peronista.

Así, el primer rasgo de autonomía del llamado Frente Renovador deviene no de los tradicionales factores de poder, sino de otras dimensiones del Estado: el gobierno nacional y provincial. Se define en torno a la "caja propia" que habilita la ruptura y la aparición de una nueva apuesta política. El acceso a múltiples formas de financiamiento, formales e informales, se despliega en pos de la construcción de un modelo político supuestamente novedoso.

Fenómeno de transmutación interesante: allí donde el patrón discursivo de la cultura comunicacional hegemónica solo veía la figura estereotipada de los "barones del conurbano",  hoy emerge la esperanza plebeya que puede sedimentar el deseo de las clases medias. El joven gestor racional que promete mantener lo bueno y solucionar lo malo en base a la voluntad del discurso amistoso y positivo.

Mientras el nuevo liderazgo político que propuso el kirchnerismo consolidó un espacio y una forma de invocar la movilización popular, el campo de fuerzas opositoras se ha visto imposibilitado de componer una alternativa política que logre construir un frente creíble.

El vacío que constituyen estos sectores hoy incongruentes y sin propuestas confiables fortalece la representación opositora que ejercen los partidizados medios de comunicación facciosos en su desenfrenada carrera hacia un poskirchnerismo dócil. 

Así, la acción opositora deriva hacia la acción social de los medios, configurándose éstos como la única oposición creíble. Y es desde esa posición que edifican su lógica política.

La consolidación de los medios privados comerciales como actores políticos se construye desde un tipo de relación simbólica con potencia política que denominamos "gentismo" y que se opone, casi en igualdad de condiciones, a la construcción política de los movimientos populares, desplegando todo su potencial.

Como avanzada del anti populismo y la anti política desde su lógica de interpelación hacia la 'gente', resulta un montaje cultural eficaz que intenta imponer su conciencia y sentido como sentido común general. Sus protagonistas, los medios privados comerciales masivos de gran impacto social, como el Grupo Clarín en Argentina, conforman un sistema tradicional que ha perdurado más allá de los vaivenes democráticos o dictatoriales.

Durante el siglo XX, a través de las pantallas televisivas, los medios construyeron el imaginario de lo nacional homogéneo, a partir de la fidelización en torno a un sistema de estrellas y su vínculo de cercanía y cotidianidad con la audiencia. Cuarenta años de almorzando con una Mirta, treinta años de ser "tan común" como el receptor al estilo Susana, crearon una identificación que es puesta a jugar más allá de la clave comercial televisiva. Una fábrica de sentimientos constante que genera los climas, define los problemas y da las explicaciones, conformando un lugar y configurando una posición, la de la 'gente'. En clave mediática, la gente siempre es víctima: de la inseguridad, de la falta de energía, del aumento de los precios, pero principalmente es víctima del Estado, esa maquinaria todo poderosa que no sería conducida hoy por un gobierno electo libre y democráticamente, sino por un tipo de asociación ilícita que lo tomó por asalto. Por lo tanto, la descripción de las políticas públicas implementadas y la caracterización sobre los funcionarios siempre será despectiva. Todo lo que hace el "kirchnerismo" se encuentra en torno a sus fines inconfesables y en contra de... la "gente".

La gente es transparente y no-política (la política es opaca y los políticos malintencionados). La gente se moviliza de forma espontánea, no como los militantes, los piqueteros o los trabajadores que siempre lo hacen por ser manipulados (en el mejor de los casos) o por una paga (el interés espureo) o por el choripán y el vino (clientelismo puro).

La gente es urbana, blanca, son los abuelos, los niños que aparecen en la publicidad del candidato, los padres y madres, que siempre piensan en la familia, trabajan y no reciben subsidios, lo que tienen proviene solo de su esfuerzo individual y deben resguardarlo frente a un Estado que no los cuida y siempre pretende expropiarlos.

La gente es ante todo buena. Es libre y tiene miedo de los que no son gente: los que no son blancos, los que son piqueteros, los ladrones de poca monta (los que aparecen encapuchados en los noticieros o son los protagonistas de programas como "Policías en acción"), los que hacen paro, los que cortan una calle, una ruta, los que reclaman el derecho de huelga, los sindicalistas (aunque la reconversión de Hugo Moyano implicó un cambio, pero sin conseguir transformarlo en gente). En el caso de los políticos, son inútiles o corruptos, sobre todo cuando están en el gobierno.
 
Veinticuatro horas al día, a través de diarios, radios, televisoras y señales de cable se juega la tensión: de un lado, la gente, del otro, el enemigo.

El primer paso de la operación para conformar a la "gente" es la destrucción y el vaciamiento de la política. De allí surge el discurso del candidato de la gente, como la gente y para la gente.

Gente convocada para la protesta, para la queja, para sostener la construcción de la ideología dominante y ahora para votar por su candidato. Invocada desde el liderazgo moral del periodista 'independiente', eficaz y honesto (pero sobre todo, obediente del patrón) que interpreta el sentir de la gente, que nunca pierde elecciones, pretendidamente republicano y liberal, pero profundamente reaccionario.

Gente inoculada cotidianamente con odio opositor, que busca transformar la impotencia en esperanza que permita abandonar el rejunte ocasional, entregándose a la amable figura del joven gestor sobre el cual se construye la expectativa de un futuro perfectamente racional, un futuro sin el odio de los que odiamos.

Ahí es donde aparece él, Sergio Massa, el candidato oxímoron, a pesar de haber sido director del ANSES, Jefe de Gabinete, de haber ganado cada elección como parte del FPV, es apropiado para reconfigurar una nueva identificación. En él se pretende dar la condensación de todos los rasgos donde conviven de manera tensionada el líder que ayuda y el ex "K". Un personaje con fuerza, sonriente, y dispuesto a cambiar el rictus, si el resultado de la última encuesta así lo requiere.
Reflejo de la anti política, su mayor definición consiste en NO SER (ahora) kirchnerista. Massa no es confrontativo, antagónico, fanático ni extremista, no es estatista, soberbio ni mentiroso, no es inútil ni persigue fines inconfesables montado sobre "la caja". Es decir, no es kirchnerista y casi no es político; tal y como la clase dominante y su prensa lo requieren.

Esa toma de posición implica inevitablemente habitar la otra, la que se nos presenta como la versión prolija y amable de la política cuando en realidad solo se trata de la versión más retrógada.

(*) Glenn Postolski es director de la carrera de Ciencias de Comunicación de la UBA y referente de la Coalición por una Radiodifusión Democrática sobre cuyos trabajos se elaboró la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

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