Arrendamientos: la incertidumbre le gana a la caída de precios
El asesor inmobiliario rural y de seguros agrícolas Adrián Cardella habla también de la necesidad de avanzar en una legislación sobre seguros agropecuarios, que incluyan también al propietario del campo arrendado.
Por la vía de las renovaciones de los convenios de arrendamientos de los campos para la nueva campaña, la situación no es menos incierta, un detalle importante considerando que entre un 55 y 60% de la superficie agrícola es producido bajo la figura del alquiler de los campos.
Para el caso de los campos para la siembra del maní, ni se hacen ni se revisan campos, que ya deberían contratarse en el Centro Sur de Córdoba.
Se fijaron precios a ofrecer, para maní por los campos entre los 450 y 500 dólares la hectárea, por debajo de los precios de las campanas anteriores que llegaron en promedio a los 900 dólares/hectárea, una renta que los propietarios no están dispuestos a declinar, por ello el mercado de alquileres ahí se encuentra pesado.
Los precios de los campos en alquiler para las zonas núcleo promedio histórico 17 o 18 quintales/hectárea se mantienen y/o bajaron entre un 15 y 20 por ciento, en quintales fijos.
Igualmente siguen encarecidos ya que los números no cierran: vendiendo la soja a dólares oficiales menos retenciones y considerando los costos de los insumos que aunque en pesos son afectados por la inflación. El negocio agrícola deja de ser un atractivo principal a inversores locales.
Los rendimientos promedios de los cultivos sobre todo en soja y maíz, por hectárea, fueron beneficiados en algunas zonas, pero en líneas generales, es estable en el eje de los 2500 kilos promedio país, para soja de un total de 18 millones de has, lo cual es bajo, y de 8500 kilos para maíz.
Hay que tener en cuenta, además, que venimos de problemas climáticos como inundaciones y sequías en las últimas campañas, lo cual trae consigo quebrantos.
Así todos resguardos de clima y precio, como los seguros agrícolas, no sólo serán coberturas de tipo climático-para el inversor que arriesga su capital- sino que también están en elaboración posibilidades de cubrir también a los propietarios de la tierra.
Los contratos a largo plazo –de tres años- e inclusive
en los contratos accidentales de los alquileres de los campos (plazos de pago en
el año en curso) deben asegurarse que cualquier quebranto de los arrendatarios no
afecten los ingresos de los propietarios de los campos.
Por ello, es interesante generar un seguro de ingreso ya que las necesidades del pago de los impuestos, anticipos de Ganancias, a los capitales e inmobiliario, hace que estos deban cancelarse mediante el cobro de los alquileres de las tierras, como los gastos corrientes de vida que no está decididos a resignar. Así, deberán surgir nuevos productos para los seguros agrícolas.
Como en todos los países se requiere la asistencia del Estado Nacional o Provincial a la agricultura y a la producción que es la que corre los mayores riesgos. También para aquellas compañías aseguradoras dedicadas a la cobertura de los riesgos climáticos y los seguros agrícolas.
Se podrían obtener con un buen proyecto a favor de la producción agrícola, obtener de las partidas del Presupuesto Nacional, una devolución parcial de las primas vía las retenciones a las exportaciones por Ley.
Así los productores ya asegurados por el sector privado deberían contar con un subsidio de la tasa por parte del Estado.
La producción agrícola, vía las retenciones a las
exportaciones granarias, es una de las fuentes del financiamiento del Presupuesto Nacional y la ayuda social.
(*) Asesor inmobiliario rural y de seguros agrícolas
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