El referente del Frente de Izquierda y los Trabajadores analiza el contexto en que la presidente resolvió los cambios anunciados esta semana en su Gabinete de ministros.
Escribe Gabriel Solano (*)
Hasta ahora era admitida como válida la premisa de que el kirchnerismo no hacía cambios en gabinete presionado por las circunstancias, y mucho menos si éstas eran generadas por los "mercados". Pero al menos esta semana ocurrió lo contrario: la aceleración de la caída de reservas del Banco Central, que superó holgadamente los 200 millones de dólares diarios, fueron suficientes para que Cristina borre de un plumazo a su Jefe de Gabinete y al ministro de Economía. Una caída de la Bolsa posterior a estos anuncios se llevó puesto también al "intocable" Guillermo Moreno.
El telón de fondo de esta crisis es el agotamiento del "modelo productivo", que se expresa en la quiebra del fisco, la caída de las reservas, la virtual quiebra del BCRA, el aceleramiento de la inflación, el retroceso del superávit comercial y la incapacidad de seguir pagando la deuda externa bajo la forma en que se venía haciendo ("desendeudamiento"). Es la misma crisis que llevó a la pérdida del 50% de los votos del oficialismo en sólo dos años y a que la burguesía nacional "reconstruida" a fuerza de subsidios del Estado en la "década ganada" se pase al campo de la oposición, junto con una parte del aparato del propio partido Justicialista.
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Para ocultar este recule la presidenta decidió apelar al latiguillo de que su intención es "profundizar el modelo". Esta afirmación sólo sería válida en la acepción que le otorgan los que se autodefinen como kirchneristas de la primera hora, que reclaman una "vuelta al modelo", con su "virtuoso" superávit fiscal y comercial que se probó agotado ya en oportunidad de la crisis agraria del 2008. Pero esa vuelta al "modelo" será la oportunidad para un gran ajuste. Ocurre que el superávit fiscal no piensan lograrlo afectando los beneficios de las privatizadas y empresas concesionarias de servicios públicos, sino con un aumento de tarifas que descargue la reducción de los subsidios sobre las espaldas de los trabajadores. El "soviético" Kicillof declaró que éstos subsidios no alcanzan a las zonas más postergadas del interior del país, preparando el terreno para presentar al tarifazo como un acto de justicia social. En relación al superávit comercial los defensores de la "vuelta al modelo" reclaman un "tipo de cambio competitivo", es decir la devaluación del peso. Esto permitiría reducir los salarios medidos en dólares, para favorecer las exportaciones y reducir importaciones, y favorecer un ingreso de capitales (premiando a quienes se fugaron divisas con ganancias inmensas, pues compraron dólares a $ 4 y podrán traerlo, devaluación mediante, al doble o más de ese precio), abriendo un nuevo ciclo de endeudamiento que permita seguir pagando la deuda externa.
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Pero todas las medidas tomadas en esa dirección han terminado en un fracaso rotundo. Al blanqueo de capitales, incluso con el beneficio adicional de traer dólares mediante los bonos Baade a un tipo de cambio más cercano al blue, la clase capitalista le ha dado la espalda. Ocurrió otro tanto cuando el gobierno extendió el uso de esos mismos bonos para promover el ingreso de "capitales en blanco", tentándolos con un dólar de 8 o 9 pesos. La clase capitalista reclama el levantamiento del cepo cambiario y la autorización de girar dividendos al exterior. Pero esto sólo es posible si se apela a una devaluación generalizada, que en un cuadro de inflación que ronda el 30% anual, crearía una situación análoga a la del Rodrigazo, el cual terminó con el gobierno de la época. Oficialismo y oposición son concientes de ello, y comparten el sentido general que debe seguir el ajuste. Sólo discrepan en que la oposición quiere que el gobierno "asuma la responsabilidad" de llevar adelante este plan contra las masas, y de ese modo allanar su llegada al gobierno en el 2015, mientras el oficialismo pretende un ajuste "en cuotas", por temor a la que la bomba le estalle en la mano.
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La presidente sabe que camina por la cornisa. Con el nombramiento de Capitanich en la Jefatura de Gabinete no sólo cumple con la exigencia de un cambio de rumbo realizada por el pejotismo, sino que pretende asociar a los gobernadores al ajuste que quiere realizar. Pero en este juego de presiones y maniobras se ha producido un cambio en la naturaleza del régimen gobernante. El arbitraje personal de CFK, que caracterizó al régimen político en los últimos años, ha dejado de existir debido a que es incompatible con un Jefe de Gabinete que responde a una "liga de gobernadores" con intereses propios.Asistimos a una nueva transición política, con un gobierno "bicéfalo", que siempre es el caldo de cultivo para grandes crisis políticas.
Asistimos a una bancarrota de envergadura similar a la del 2001-2002. Pero no volvemos al punto de partida. El tiempo transcurrido sirvió para marcar la impotencia y el fracaso de las alternativas "nacionales y populares" de la clase capitalista. Y sobre la base de esta experiencia se desarrolló una alternativa de izquierda anticapitalista y socialista, plasmada en el Partido Obrero y el Frente de Izquierda, que consiguió un apoyo electoral inédito y una presencia en el Congreso Nacional, en Legislaturas provinciales y Concejos Deliberantes.
El crecimiento de una alternativa de izquierda muestra la disposición popular para que la historia no se repita, y que el ajuste esta vez lo paguen los capitalistas y no los trabajadores.
(*) Gabriel Solano fue candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires en la lista del Frente de Izquierda y los Trabajadores.
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