El candidato a diputado nacional en la ciudad de Buenos Aires en la lista del Frente de Izquierda y de los Trabajadores aborda, a partir de las recientes tomas de escuelas, el debate en torno a la calidad educativa.
Escribe Gabriel Solano (*)
Esta semana, como ocurre en general una vez al año, la Ciudad de Buenos Aires ha vuelto a vivir el necesario y sano debate sobre el estado de su educación pública. No ha sido el mérito del gobierno local ni del nacional, como así tampoco de los partidos de la llamada oposición tradicional. El mérito les cabe completamente a los estudiantes, que con su esfuerzo y compromiso personal y colectivo, le hacen saber a toda la población que existe una "reforma" (sería más justo decir "contra-reforma") que establece la eliminación de 140 orientaciones de nuestra educación secundaria, anula materias fundamentales para la formación académica, deja en un cuadro de inestabilidad laboral a muchísimos docentes, incorpora el trabajo gratuito en los colegios técnicos y degrada la calificación de los títulos emitidos por los colegios.
Muchos medios de comunicación, e incluso pedagogos, en vez de reconocer el acierto de los estudiantes por haber puesto un tema tan relevante sobre el tapete prefieren criticarlos porque... "ocupan" colegios. Claro que para ello los críticos de nuestra juventud debieron omitir que tanto el gobierno de la Ciudad como el Nacional incumplieron un acuerdo suscripto con los propios estudiantes que establecía que la "reforma" no iba a ser aplicada hasta el año 2015. Y que fue ese incumplimiento (¡ministros y funcionarios de ambos gobiernos queriendo engañar a jóvenes de 15 y 16 años!) el que llevó, como recurso último, a los estudiantes a ocupar los establecimientos para evitar que se avance de hecho con una reforma reaccionara.
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Los críticos de nuestra juventud, adrede, ocultan que fue gracias a las luchas dadas por los estudiantes y docentes en los últimos 20 años que logramos defender la educación secundaria en la Ciudad de Buenos Aires. No dicen, por ejemplo, que si en la Ciudad de Buenos Aires no se aplicó la Ley Federal de Educación de Carlos Menem, aprobada en 1992, y que sustituyó la educación secundaria por un ciclo Polimodal que produjo un retroceso pedagógico de proporciones, fue en gran medida por la lucha dada por nuestra juventud. Si se hiciera esta historia, de por sí bastante reciente, debiera hacérsele un homenaje a nuestros pibes que lograron defender la educación secundaria de lo que fue su virtual liquidación.
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Varios ex jóvenes que se hicieron viejos defienden aquellas luchas contra el menemismo mientras atacan las actuales, como si carecieran de motivos reales que las justifiquen. ¿Pero ha cambiado sustancialmente la situación? De ninguna manera. La Ley "Nacional" aprobada por el Congreso Nacional en sustitución de la Ley "Federal" ha sido un mero cambio cosmético, al mejor estilo del kirchnerismo. Una verdadera "nacionalización" del sistema educativo –que la ley sugiere tramposamente- debiera expresarse en la anulación de la transferencia educativa iniciada por la dictadura de Videla –con los colegios primarios- y completada por el menemismo –con la educación secundaria. Pero no es lo que ocurrió. El sistema educativo sigue dependiendo de los quebrados presupuestos provinciales, que son asfixiados por un Estado nacional que se apropia de la mayor parte de la recaudación para pagar una deuda externa usuraria y para mantener un régimen de subsidios a empresas privatizadas que ya supera los 100.000 millones de pesos. Esta provincialización ha dado lugar a inequidades manifiestas, como ser que docentes que realizan el mismo trabajo reciben sin embargo salarios distintos, siendo los más perjudicados los que desempeñan su actividad en provincias con menores recursos.
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La impostura kirchnerista no sólo se manifiesta en que mantiene la provincialización de la educación, sino en que viene a rescatar el "espíritu" esencial de la legislación menemista. La descalificación de títulos y planes de estudio, finalmente, es la consecuencia fatal de un gobierno que ha descalificado al propio trabajador, como lo prueba el 40% de la fuerza de trabajo que está en negro, la tercerización u otras modalidades imperantes de precariedad laboral.
Todos los índices –incluso los suministrados por el propio Ministerio de Educación de la Nación- muestran que en la "década ganada" ha retrocedido la matrícula pública tanto de la escuela primaria como secundaria, siendo la contrapartida el incremento de los estudiantes en los colegios privados. La educación privada –que consume parte de los recursos públicos ya que es subsidiada- ha sido un factor de incremento de la desigualdad social y de confiscación extraeconómica de los trabajadores, pues una parte de ellos se ven compelidos a pagar para que sus hijos reciban una educación adecuada.
En nuestra Ciudad detrás de esta orientación social, que favorece el negocio privado de la educación y que quiere descalificar la educación secundaria haciendo la tarea sucia que el menemismo no logró, están tanto los gobiernos de la Ciudad como el Nacional. Los que reclamaban una política de Estado entre ambas administraciones acá la tienen completa. Terminamos como empezamos. ¿Estamos debatiendo sobre la educación en la Ciudad? ¿Estamos alertas porque quieren descalificar la educación secundaria? ¿Sabemos quienes son los responsables? Sí, y todo eso es mérito de nuestra juventud que se compromete y lucha.
(*) Gabriel Solano es candidato a diputado nacional en la ciudad de Buenos Aires en la lista del Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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