La ausencia de Chávez

El consultor Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, analiza el futuro de Venezuela y el de la relación bilateral con la Argentina a partir de la muerte del líder caribeño.

Se destacó por ser el aliado más importante de Irán en la región; Venezuela ha sido uno de los pocos países que siguen sosteniendo el régimen de Assad en la guerra civil de Siria; uno de los únicos que mantuvo el apoyo a Khadafy hasta el último momento; también ha sido aliado del régimen de Bielorusia, considerado la última dictadura de Europa.

Ha sido el mayor comprador de armas fabricadas por Rusia en América Latina y ha tenido a China como el inversor extranjero más importante en el país en los últimos años. Claramente ha sido un adversario de los países del mundo desarrollado.

En la región, Chávez ha sido el líder de los países de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) desde donde agrupó a los gobiernos de orientación populista y de izquierda. A la iniciativa se fue sumando Cuba, Bolivia a partir del triunfo de Evo Morales y el Ecuador de Correa.

En América Central, sumó a la Nicaragua de Ortega y a Honduras mientras gobernó Zelaya, al igual que a varios países del Caribe. Supo combinar al mismo tiempo el discurso nacionalista y anti-imperialista, con el suministro de petróleo barato. Pero fuera de estos países, terminó siendo un líder más popular en los gobiernos que en los electorados.

En países como México, Perú, Paraguay, Uruguay y Colombia, el apoyo del líder venezolano restaba votos y no sumaba en una elección presidencial. Pero al mismo tiempo, fue el primer Presidente pro-tempore de la Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe (CELAC), que reúne desde hace un par de años a los 33 países de esta región, exceptuando sólo a EE.UU. y Canadá.

Para Venezuela, será en términos históricos la figura política más relevante y seguramente más controvertida, entre finales del siglo XX y comienzos del XXI.

Hacia adelante, Venezuela tendrá elecciones presidenciales en pocas semanas y probablemente el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, se enfrentará al candidato opositor que nuevamente será Capriles. No es fácil ganarle al chavismo, pero en política nada es imposible.

Pero la gran pregunta es en qué medida Maduro, sin el carisma, la trayectoria y el significado de Chávez, podrá mantener unido al chavismo, donde se esbozan dos líneas: una más cercana a Cuba, liderada por el propio Maduro, y una más nacionalista, que parece tener como referente al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

La cohesión del chavismo es la gran cuestión que determinará en el futuro la gobernabilidad del país, más allá del próximo resultado electoral.

Para la Argentina, Chávez ha sido un aliado importante en el plano internacional. Venezuela es el país del mundo con el cual Argentina ha firmado más acuerdos bilaterales en los cinco años y tres meses que lleva el gobierno de Cristina Kirchner. Es el presidente del mundo que estuvo
más cerca de ella en el velorio de Néstor Kirchner.

En los últimos meses, la política del gobierno argentino pareció coincidir cada vez más con la del venezolano: conflicto con los medios de comunicación privados, estatización de YPF, expropiación del predio de la SRA, control de precios, congelamiento de precios, conflicto con la justicia, búsqueda de un tercer mandato consecutivo, acuerdo con Irán.

Chávez siempre respaldó las acciones del gobierno argentino, tanto en lo internacional como en lo nacional y quizás su influencia en algunas cuestiones controvertidas, como el mencionado acuerdo con Irán, puede haber sido mayor que lo aparente. Es posible que Cristina sin Chávez termine siendo más chavista que con él.

En síntesis, la ausencia de Chávez se hará notar tanto en el plano global como en el regional y el nacional, y para el gobierno argentino será la pérdida de un aliado importante, aunque también un espacio a ocupar en la región.

Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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