La deuda social tras dos décadas de peronismo

La candidata al Senado de la Nación por el frente UNEN en la ciudad de Buenos Aires analiza la coyuntura nacional y los desafíos a superar de cara a las próximas elecciones legislativas.

Escribe Mabel Bianco (*)

Desde 1989 la Argentina fue conducida por el peronismo a través de dos gobiernos que duraron cada uno 10 años, con solo un breve interregno de frustrante gobierno de la Alianza. Este periodo  estuvo signado por el gobierno de Carlos Menem y luego por el de los Kirchner. Si bien aparentemente se trata de dos peronismos distintos, a la hora de evaluar sus consecuencias e impactos no difieren. Ambos periodos nos dejaron grandes deudas sociales que hoy caracterizan a la Argentina. Se profundizó un modelo que aumentó la brecha entre prósperos y pobres y la desigualdad global, que no se revirtió en estos 10 últimos años a pesar de que tuvimos el mayor crecimiento económico en muchas décadas. Los pobres siguen siendo pobres y los ricos son más ricos. Esto produjo un deterioro social que compromete nuestro futuro aunque sea difícil de cuantificar.

La mayoría de la población es consciente de que esto se debe empezar a revertir para producir un cambio hacia una mayor  igualdad. También aprendimos los argentinos que el crecimiento de la economía no nos beneficia a todos si no se mejora la distribución de la riqueza y de las oportunidades. En esta última década vimos mucho subsidio discrecional y falta de prioridades en política de inversiones. Las dos tragedias ferroviarias ocurridas en menos de 15 meses en que murieron  tantos compatriotas mostraron la cruda  ausencia de una política que canalice inversiones para  que el transporte de personas y mercaderías sea en forma segura y no contaminante. Así como mostraron la debilidad o ausencia de los mecanismos de control estatal de las empresas subsidiadas y de los métodos de prevención de accidentes, promoviendo además la corrupción y el despilfarro de recursos que son de todos.

Mientras tanto se deterioraron la atención de la salud, el acceso a la vivienda, la precarización del trabajo y la calidad de la educación, aunque haya mejorado su cobertura. En salud no se logró disminuir las muertes maternas que en un 80% o más son evitables con medidas sanitarias accesibles, agravando este problema de salud pública y derechos humanos que afecta principalmente a las mujeres más pobres. En lo laboral las mujeres y los jóvenes están confinados a trabajos precarios y las mujeres ganan a igual tarea un 30% menos en promedio que los varones. En educación especialmente se afectó la de los niveles secundario y primario, principalmente en el sector público, enseñanza que hay que mejorar urgentemente si queremos recuperar las posibilidades futuras de nuestros chicos y jóvenes. El nivel de deserción escolar es muy alto y se incrementó, llegando a casi el 50 % en el nivel secundario. Esto afecta las posibilidades personales de inserción laboral y ciudadana, así como el desarrollo del país. No es posible desarrollarse plenamente con casi la mitad de la población juvenil sin terminar la educación secundaria.

Esta fue una década en la que perdimos oportunidades de invertir para mejorar el futuro, y tenemos que revisar las prioridades sociales y reencausarlas. En Brasil fueron los reclamos populares los que están obligando a hacerlo; nosotros tenemos este año las posibilidades de hacerlo a través del voto. Es importante que lo logremos no votando sólo para mostrarnos en contra, sino concientes de que con  nuestro voto apoyamos ideas del cambio para ese futuro mejor  que nos debemos.

(*) Mabel Bianco es médica feminista y candidata al Senado de la Nación en la ciudad de Buenos Aires por la lista SUMA+ del frente UNEN

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