El senador por la provincia de Jujuy recuerda aquel histórico día hace 30 años y lo pone en perspectiva con los desafíos que impone la actualidad nacional
Escribe Gerardo Morales (*)
Libertad, ese fue el valor primordial por el cual un pueblo unido llegó a las urnas el 30 de octubre de 1983.
Un país golpeado y maltratado, censurado y sin valores, se disolvía en la esperanza de libertad y paz, justicia y solidaridad, de la democracia.
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A 30 años de aquel inolvidable día en que voté por primera vez, el recuerdo se une a la lucha de hoy. Hemos terminado recientemente una campaña en mi provincia, Jujuy, bregando por la paz y la concordia, como si ese pasado deshonroso hubiera conseguido nuevas formas para volver.
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Pero la democracia, nuestra joven democracia, esa que cada 2 años expresa con contundencia los sueños y preferencias de los ciudadanos en cada rincón del país y sin distinción de clase, puso de relieve también que la gente dice basta a cualquier abuso.
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Lo sabemos bien, la democracia no se agota en el voto. La democracia es libertad, salud y educación de calidad, trabajo digno, cloacas, respeto de uno con otros, vivienda, ocio, cultura, derechos y deberes, es decir, la calidad de vida de un pueblo.
Como aquel anhelo de juventud, como la utopía que nos propone un horizonte colectivo y reconociendo la cantidad de deudas pendientes y mejoras por delante, nuestra democracia –no exenta de contradicciones y diferencias- sigue siendo el mejor sistema de vida para exigir y aceptar, para honrar y celebrar.
(*) Gerardo Morales es senador nacional por la provincia de Jujuy e integra el bloque de la Unión Cívica Radical (UCR)
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