YPF-Chevron: había otras soluciones
El candidato a diputado nacional por Camino Popular en la Ciudad de Buenos Aires analiza el acuedro firmado entre YPF y Chevron para avanzar en la explotación del yacimiento de hidrocarburos de Vaca Muerta en la provincia de Neuquén.
Volvemos a escuchar los mismos argumentos de otras veces: sólo es posible llevar adelante estas explotaciones por medio del gran capital, y para "convencerlo" de que venga a ganar plata, se le otorgan beneficios extraordinarios. Son muchas las razones para cuestionar esta forma de pensar.
En primer lugar la experiencia histórica. Bajo ese razonamiento se sancionó durante la dictadura la Ley de Inversiones Extranjeras, más tarde reformada por el menemismo, que aun sigue vigente en nuestro país. ¿Cuál fue la ganancia para la Argentina? Se trata del mismo razonamiento que nos dice que estamos obligados a aceptar al CIADI como tribunal arbitral mientras que países como Venezuela, Bolivia, Ecuador o Brasil no lo hacen. Es claro que las inversiones extranjeras no sirven para desarrollar al país sino sólo para el beneficio de esas compañías. Nuestro problema no es la falta de capitales ni mucho menos un supuesto aislamiento del mundo, sino por el contrario la extrema dependencia de nuestro país de los centros del mercado mundial globalizado.
En segundo lugar en Argentina sí existen los fondos para recuperar una gran empresa petrolera como fue YPF. La renta que producen el campo, la minería, la forestación, la pesca e inclusive las otras petroleras es inmensa, pero se la apropia una ínfima minoría en función de sus propios intereses, en lugar de estar en manos públicas para financiar una transformación del modelo productivo. Lo que hace falta es la voluntad política de construir la fuerza social suficiente para poder avanzar sobre ellas.
En tercer lugar, ante la eventual necesidad de un acuerdo con capitales extranjeros, desde luego debe hacerse en otros términos: en el marco de la integración latinoamericana, y generando en el propio acuerdo las condiciones para superar nuestras limitaciones. Nuestra América cuenta con países productores de energía con grandes empresas estatales que deberían ser priorizadas antes que una multinacional norteamericana. Para peor, en este caso el gobierno nacional prefirió defender a Chevron ante el embargo judicial de 19 mil millones de dólares impuesto por el gobierno ecuatoriano por daños ambientales en la Amazonía. Por otro lado, cualquier acuerdo motivado por la falta de recursos técnicos, debería estar regido precisamente por la condición de la transferencia del 100% de la tecnología. Al mismo tiempo, debería contemplar la creación de un fondo específico para evitar en el futuro recaer en la necesidad de capital privado.
Finalmente, la extracción de hidrocarburos no convencionales mediante la técnica del fracking está sumamente cuestionada por su alto impacto ambiental. En este sentido se replantea el debate abierto por las asambleas ciudadanas contra la mega minería. Y se evidencian las fallas en la participación democrática, en la medida en que ni los pobladores de las zonas afectadas son consultados ni escuchados, ni tampoco se promueve un debate nacional para decidir colectivamente sobre un tema estratégico como este.
Actualmente el 90% de nuestra matriz energética se basa en el consumo de hidrocarburos, principalmente gas natural. Es necesario avanzar en un replanteo de esta situación. No será posible si seguimos apostando al camino de la entrega de nuestros recursos naturales a las multinacionales. El verdadero problema no es la intervención del Estado, como dicen los economistas de la derecha, sino el sometimiento del Estado nacional ante intereses contrarios a nuestras necesidades.
(*) Itai Hagman encabeza la lista de candidatos a diputados nacionales de camino Popular en la ciudad de Buenos Aires
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