Palestinos contra palestinos y Gaza contra Cisjordania



  • Hamás conquistó todo el poder en la Franja de Gaza y podría proclamar un estado teocrático y la guerra total contra Israel.


  • Al Fatah controla sólo Cisjordania, los liderazgos palestinos se han diluido por la facciones armadas, y crece el peligro de una guerra civil.

 


Lo que era una separación geográfica ha pasado a ser también política. Allí donde el movimiento fundamentalista Hamás, igual que Irán y Siria, quiere un solo Estado (árabe palestino); mientras que Al Fatah y el grueso del mundo quiere dos estados (uno árabe y uno judío), la victoria militar de los milicianos de Hamás en Gaza ha acaba de crear, en los hechos, tres estados (dos árabes y el judío).


 


¿Quedará la Franja de Gaza separada definitivamente separada de Cisjordania? ¿ Habrá un estado palestino teocrático en la costa mediterránea y otro secular en la rivera del Jordán?


 


Resulta muy difícil, porque el Ezedim al-Kassem y demás facciones armadas de Hamás pueden vencer por las armas en Gaza a las desorganizadas fuerzas de Fatah; pero no puede consolidar un Estado que sobreviva a un bloqueo internacional total, sólo conectado a un pullmotor económico y militar sirio-iraní.


 


Lo que está claro son tres cosas: fracasó el proyecto político del rey saudita Abdullá bin Abdulaziz al Saud; en la guerra indirecta el eje Teherán-Damasco acaba de ganar una batalla al eje Jerusalén-Washington. Y finalmente, la disgregación y tribalización del poder de fuego ha diluido los liderazgos palestinos, tanto en Gaza como en Cisjordania.


 


El conflicto comenzó cuando, en marzo del 2006, Hamás se impuso en las elecciones legislativas, colocando en el cargo de primer ministro a su líder, Ismail Haniye, y a renglón seguido comenzó a disputar con Fatah el control de las fuerzas de seguridad.


 


El jeque Ahmed Yassin fundó esta fuerza político-militar fundamentalista como una organización de socorros mutuos que inicialmente se llamó Al Muyama. Y tras la segunda intifada, ya rebautizada Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica) se convierte en organización política y crea sus brazos militares con brigadas de atacante suicidas.


 


En la vereda del frente está Al Fatah, el partido que creó Yasser Arafat en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de El Cairo y que lideró durante cuatro décadas la OLP, inspirado en el nacionalismo secular del líder egipcio Gamal Abdel Naser, y de otros nacionalistas laicos musulmanes como el indonesio Sukarno y los partidos baasistas de Irak y Siria.


 


Las diferencias entre fundamentalistas y seculares se ampliaron cuando Arafat reconoció a Israel y aceptó la fórmula de dos estados que estableció para Palestina la resolución de ONU en 1947; mientras que los fundamentelistas siguieron proclamando la aniquilación de Israel y el nacimiento de un solo Estado en todo el territorio palestino.


 


Hoy, para Hamás, Al Fatah es una fuerza colaboracionista del sionismo y del imperialismo norteamericano; mientras que para Fatah, los fundamentalistas son títeres de Irán y de Siria actuando desde un extremismo que obstruye el nacimiento de un Estado palestino independiente en Gaza y Cisjordania.


 


Conciente de que Egipto y su presidente, Hosni Mubarak, se han opacado en su rol de mediadores en los conflictos regionales, Arabia Saudita decidió involucrarse en el conflicto palestino-israelí, que hoy tiene el subconflicto entre fundamentalistas y laicos; sobre todo para poner un límite a la creciente influencia iraní en Líbano y Palestina.


 


El monarca saudita reflotó su viejo proyecto de proponer a los árabes reconocer a Israel a cambio de que el Estado judío retorne a las fronteras del 1967, para surja un estado palestino independiente.


 


Esto les propuso a Islamil Haniye, primer ministro y líder de Hamás,  y a Mahmud Abas, presidente y líder de Al Fatah, en la cumbre de La Meca. Ambos lo aceptaron  haciendo nacer el “gobierno de unidad”.


 


Pero pronto las facciones armadas de uno y otro bando volvieron a los enfrentamientos, en una escalada sin precedentes. Y en las últimas horas, al conquistar los cuarteles de Fatah y la sede presidencial en Gaza, los fundamentalistas sepultaron el gobierno de unidad, al que horas más tarde el presidente Abas dio oficialmente por finalizado.


 


La continuidad de la guerra a pesar de las reiteradas y efímeras treguas decretadas por Haniye y Abas, demuestra que las facciones armadas han dejado de responder a sus respectivos liderazgos. Ergo, lo que reina es la anarquía porque los liderazgos se licuan en la guerra de facciones.


 


Finalmente, en la confrontación indirecta entre el eje Teherán-Damasco y el eje Jerusalén-Washington, iraníes y sirios han ganado una batalla con la conquista militar de Gaza por parte de Hamas. Lo que no está claro es si se trata de una victoria estratégicamente valiosa, o es un triunfo pírrico condenado a desembocar en una batalla mayor en la que difícilmente pueda imponerse.


 


Por cierto, en la prensa y la intelectualidad de todas las sociedades del mundo, como ocurre siempre con este conflicto, aparecerán los que tomen partido furiosamente por uno u otro bando y descalifiquen toda mirada que intente ser objetiva, o que cuestione el accionar de los fanáticos.

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