Para muchos hoy es San Ramón
El 13 de marzo de 1993, Ramón Díaz le puso fin a su exitosa trayectoria carrera como jugador, jugando para el club de sus amores, River Plate. Como jugador ganó prácticamente todo, dejando todo en cada club en el que jugó, tanto el equipo de Núñez, como en el Inter, y en la Selección juvenil.
Como su mundo estaba dentro del fútbol, no pudo estar mucho tiempo al márgen, y en el año 1995, luego de una floja campaña de Carlos Babington como entrenador de River, el presidente del club por aquel entonces, Alfredo Davicce, necesitaba un golpe de timón, y para eso era necesario que un ídolo del club se hiciera cargo del equipo. La persona indicada era Ramón.
El comienzo fue con mucho tambaleo, las cosas no salían bien, y el rendimiento no era óptimo, pero de a poco la mano del ídolo se iba notando.
Y tanto trabajo rindió sus frutos, para en el año 1996 comenzar a forjar lo que sería su ganadora trayectoria, pero esta vez como entrenador. Ese año con River obtendría la tan huidiza Copa Libertadores, un torneo que históricamente le es esquivo al conjunto “Millonario”, mientras que para fin año obtendría el primer torneo que le dio forma al tricampeonato, coronando un 1997 de lujo, quedándose con la Supercopa, para luego irse del club en 1999 por desavenencias con la dirigencia.
A pesar de haber comandado al equipo a su última etapa más gloriosa en los últimos 15 años, mucho se dudaba de sus cualidades para manejar un equipo, se decía que lo armaban entre Ariel Ortega, Enzo Francescoli o Leonardo Astrada, y que gran parte de esos títulos llegaron gracias a ellos. Pero para callar muchas bocas, el “Pelado” volvió nuevamente a River para la temporada 2001/02.
Esta vez el equipo era diferente, y para mucho pesar de sus detractores, volvió a consagrarse campeón (séptimo título), y de esa manera se convirtió en el técnico más ganador de la historia del club, por encima de un símbolo del club, como lo fue Ángel Labruna.
Sin embargo, la relación con el nuevo presidente de River, José María Aguilar, no era la mejor, entonces, a pesar de haberse consagrado nuevamente, se tuvo que ir del club, dejando de dirigir por mucho tiempo.
En diciembre del 2004 volvió al ruedo, pero en un destino completamente extraño: Inglaterra. Se hizo cargo, como manager y entrenador del Oxford FC, un equipo de la tercera división. Este paso no fue con un título, pero estuvo a un punto de conseguir el ascenso, y como no lo logró, se fue del club en mayo de 2005.
Pero el bichito picó y lo hizo muy fuerte, las ganas de volver a sentarse en un banco de suplentes, la adrenalina de comandar un equipo, eran incontrolables, y por fin la propuesta exacta llegaría. Rafael Savino, presidente de San Lorenzo, con ayuda de Marcelo Tinelli, lo convenció de que lo mejor era agarrar al equipo de Boedo, a pesar de que era un fierro caliente, luego de un fin de campeonato pésimo, con una goleada por 7 a 1 con Boca en el medio, y un clima prácticamente de guerra.
Y Ramón lo hizo, impuso algunas condiciones, como que se queden Ezequiel Lavezzi y llegue Christian Ledesma, y le contagió al equipo su espíritu ganador, que fecha a fecha, o “piano piano” fue creciendo hasta transformarse en un equipo arrollador desde lo futbolístico y anímico, para consagrarse campeón, y nuevamente cerrar muchas bocas.
Salud Ramón, salud campeón. Je!
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