*En “Bailando por un sueño”, cada uno se lleva el fruto de la semilla que plantó. A esa ley, no escapa ninguno. Ni siquiera la esposa de Marcelo Tinelli, que en pocos días cosechará lo que ha sembrado.
Esta columna se podría haber titulado “La esposa de Marcelo Tinelli bailará con Iñaki Urlezaga en el Luna Park”. Pero ese título habría sido una verdad a medias. ¿Por qué? Porque quien interpretará el papel de Bathilde, en “Giselle”, el 19 y 20 de octubre próximos, junto al prestigioso bailarín clásico será Paula Robles, por derecho propio.
La participación en el programa que conduce su marido le ha dado a Paula lo mismo que a los otros participantes: la oportunidad de mostrarse en una megavidriera. En semejante escaparate del rating no hay quien logre pasar inadvertido. Eso es un hecho. Y vale tanto para “la mujer del jefe” como para los soñadores, las figuras más o menos célebres que bailan, cantan o patinan y los miembros de los jurados. De “Showmatch”, en materia oportunidades laborales y repercusión mediática, nadie sale con las manos vacías. Pero lo que se llevan no es igual para todos. Tengo para mí que cada quien cosecha lo que siembra, en esa tierra fértil.
Algunos plantan las simientes del escándalo y recogen los frutos en ciclos y revistas de chimentos. Otros sacan a relucir el histrionismo y obtienen participaciones actorales en tiras de TV o en las tablas. Existen las que ponen el acento en su presencia escénica y sus cuerpos esculturales: ésas consiguen despegar como vedettes. Tampoco faltan las figuras con vocación empresaria que aprovechan la popularidad que les da “Showmatch” para lanzar emprendimientos propios en ámbitos diversos: gastronomía, academias de danza, producción de espectáculos.
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Puesta a elegir cómo habría de utilizar el escaparate de “Showmatch”, Paula Robles demostró desde el vamos que su interés pasaba por desplegar allí sus dotes para lo que mejor hace y lo que más le gusta: bailar. Con gran tino mediático, evitó todo lo que la apartara de su propio objetivo. No se sumó jamás al club de la pelea. En la presentación que precede a la danza, aprendió a responder con simpatía a las chanzas del conductor pero dejó bien claro que su contribución al show transcurriría en la pista de baile. Ajena a dimes y diretes, se concentró en las coreografías y deslumbró con su excelencia en los distintos ritmos.
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En definitiva, Paula Robles desarrolló en “Showmatch” una estrategia trazada a la medida de sus aspiraciones. Los resultados no se hicieron esperar y guardaron coherencia con sus expectativas. Una serie de productores, entre ellos Nito Artaza, la tentaron con una serie de ofertas laborales que tendrá que estudiar. Pero, por el momento, la que Paula aceptó fue la que resultaba a todas luces imposible de rechazar: unirse a Iñaki Urlezaga y Natalia Osipova, bailarina del Bolshoi de Moscú, para la puesta de “Giselle” en el Luna Park.
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La noticia de que Paula Robles bailará en el Luna Park junto a Iñaki Urlezaga me trajo a la memoria una escena que en su momento me había dejado a mitad de camino entre la risa y la vergüenza ajena. ¿Se acuerdan cuando Raúl Castells le propuso a Tinelli la delirante idea de organizar una competencia de baile entre Nina Peloso y Paula Robles en el Luna Park? Fiel a su estilo, aquella noche, Paula se limitó a sonreír ante la fantasía del piquetero metido a productor.
Por suerte para ella, Paula no se ha dejado encandilar por el canto de sirenas estrellato veloz y fugaz, que siempre es una tentación para aquellos que acceden a un ciclo de televisión tan masivo como “Showmatch”. El primer paso para construir una carrera profesional prestigiosa consiste en tener claro qué se quiere obtener. Y el segundo, en eludir los atajos donde uno no podrá encontrarlo. A juzgar por lo que se ve, lo que ambiciona Paula Robles se consigue en el Luna, pero antes con Iñaki Urlezaga que con Nina Peloso. Y en pocos días, Paula Robles estará allí, por derecho propio.
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