Barrionuevo irá al 8N y dividió a los caceroleros

Política

El líder gastronómico confirmó este martes su participación en la protesta convocada para la semana próxima. Desde algunos sectores que asistirán lo descalificaron con insultos.

La sociedad argentina parece encerrada en sus propios reclamos. Dividida como pocas veces, la intolerancia y la agresividad irrumpen ante cada reclamo.

A una semana del llamado 8N, diversas notas periodísticas comienzan a ganar espacio en distintos medios, sobre todo en aquellos enfrentados políticamente con el Gobierno.

Sin consignas claras y sin liderazgos, el cacerolazo se ha convertido en la vidriera de una oposición que no logra convencer al electorado.

Ante este escenario, la violencia de palabra se muestra de una manera grave, dura y socialmente complicada. Los mensajes que se leen en los comentarios de las distintas notas publicadas, como algunas pancartas y carteles que se ven en las manifestaciones, muestran la intolerancia y descalificación de un sector de la sociedad que critica permanentemente al Gobierno.

Este martes, Luis Barrionuevo fue noticia (lógicamente para quienes apoyan y promueven el 8N) porque anunció su participación en el cacerolazo de la semana próxima.

Dejando de lado cualquier análisis político casi obvio, la decisión del líder gastronómico desató toda clase de insultos y descalificaciones en los comentarios dejados en la nota de La Nación, versión online.

Desde negro, borracho, cabecita hasta los más ligados a su actividad profesional como corrupto, chorro, incendiario, las agresiones obligaron a La Nación a eliminar muchos de esos comentarios.

Semanas atrás, ese diario directamente canceló la posibilidad de dejar mensajes en la nota que informaba el asalto sufrido por la periodista de 678 Mariana Moyano y su familia.

La paradoja de nuestra sociedad actual es que muchos de quienes en nombre de las libertades individuales, la seguridad y la justicia organizan y participan de estas marchas (con todo derecho por cierto), son los primeros en agredir, descalificar y fomentar las divisiones.

Aunque no son la mayoría, semejante muestra de violencia y una cada vez mayor y ecléctica participación política, desdibujan la legitimidad de las protestas y marchas de cualquier régimen democrático.  

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