Debates políticos: no es la primera vez que alguien deja la "silla vacía"

Política


  • Macri se negó a debatir con Filmus y no hizo más que alinearse en cierta tradición argentina.
  • No es la primera vez en la historia de los debates políticos de la Argentina que un candidato deja "la silla vacía".

El espectáculo de la política en la televisión, en la Argentina, es un fenómeno relativamente tardío, si se tiene cuenta que las primeras transmisiones se iniciaron a principios de los ’50.

El primero que utilizó la televisión con fines políticos, en esos años, fue el peronismo. Perón había hecho campaña en el ’46 por radio, que era el medio de comunicación de más penetración. Aún sigue siéndolo.

Pero el espectáculo de la política en la televisión, de manera sistemática, comenzó a partir de 1983. El antecedente inmediato de lo hecho en ese año por el publicista David Ratto -en la campaña electoral de Raúl Alfonsín-, se lo puede ubicar en 1973.

En ese año, durante la campaña electoral que llevó al triunfo a Héctor J. Cámpora, el 11 de marzo, y de Juan Domingo Perón, en septiembre siguiente, un partido de derecha que se llamaba Nueva Fuerza (algo así como la UCeDé de Álvaro Alsogaray), realizó un fuerte proselitismo por televisión, aunque de nada le sirvió porque sus candidatos fueron arrasados por el peronismo.

Por lo tanto, será el publicista Ratto al servicio de Alfonsín quien realizará una campaña sistemática por televisión, como nunca se había visto en la Argentina. Aunque era sólo una herramienta al servicio de una política determinada y no un hecho en sí mismo porque, de lo contrario, equivaldría abonar la nociva teoría de la manipulación.

Por esos años, en las carreras de periodismo de las universidades nacionales se comenzaba a estudiar obras de autores franceses (Alain Turaine, entre otros) que daban cuenta del fenómeno en Francia, que ya estaba presente desde los ’70.

En las facultades estatales donde se cursaba periodismo (a principios de los ’80, sólo en La Plata y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora) también era una referencia obligada una obra del argentino Oscar Landi: Devórame otra vez, en la que se daba cuenta del fenómeno de la política y la televisión.

El primer debate político televisivo argentino se registró en 1987, durante la campaña electoral para  gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los actores: Antonio Cafiero, el candidato por el justicialismo; y Juan Manuel Casella, el postulante por el radicalismo.

Con la política como espectáculo, también comenzaron a aparecer los asesores de imagen, la comunicación política, las consultoras y las agencias de prensa, un fenómeno que habría de hacer eclosión en los ’90 neoliberal.

En ese debate apareció un claro ganador: Cafiero. Enfrente se había observado a Casella demasiado acartonado y muy apegado al libreto de los publicistas, que le impidió desenvolverse con soltura frente a las cámaras. Luego, ello se verificó en las urnas, en las elecciones de gobernadores y de renovación legislativa de septiembre de aquel año.

El partido que había inaugurado la sistematización del uso de la televisión al servicio de la política, perdía en forma aplastante, en las elecciones de septiembre de 1987. Otro cachetazo a la teoría de la manipulación.

Otro famoso intento de debate televisivo se registró entre los candidatos presidenciales Carlos Menem (PJ) y Eduardo Angeloz (UCR), durante los fríos días del otoño de 1989. Memen se consideraba ganador y las encuestas (otro fenómeno que también hacía irrupción) así lo corroboraban.

Angeloz fue al debate, estuvo presente en el canal, y enfrente había una silla vacía, que era la que le correspondía a Menem. La misma imagen de la silla vacía se había convertido en objeto de campaña. Tanto uno como otro candidato habían utilizado la imagen de la silla vacía para su propio provecho.

Menem se sentía ganador; opinaba que nada tenía que hacer allí y que si iba era más factible que perdiese algunos puntos. Nunca se sabrá. Lo que sí se sabe es que en las elecciones del 14 de mayo de ese año el riojano triunfó ampliamente con los resultados conocidos.

En la campaña de 1999, el candidato de la Alianza  UCR-Fepaso, Fernando de la Rúa, esgrimía un argumento muy parecido al que por estos días presenta Mauricio Macri: el clima de la campaña no ayuda al debate o que el debate sólo contribuye a una campaña “sucia”.


Las encuestas le favorecían a la Alianza entre radicales y frepasistas que concentraba todo un arco antimenemista y triunfó De la Rúa en los comicios de octubre de 1999, cuyo final todos conocemos.



En 2000, los entonces candidatos a jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra y Domingo Cavallo debatieron. Nadie recuerda lo que dijeron o se dijeron en aquella oportunidad. A las elecciones las ganó el primero: no llegó al 50 por ciento más uno de los votos, pero el ex ministro de Economía del menemismo  y de la Alianza renunció a la segunda vuelta.

El kirchnerismo no tiene demasiados antecedentes favorables para cuestionar a Macri por su negativa a debatir (el candidato del PRO puede ser cuestionado por otras cosas) porque en la campaña electoral para la segunda vuelta de las presidenciales de 2003 el ahora presidente de la Nación también se negó a debatir.

En aquella oportunidad, Menem había ganado, con escaso porcentaje de votos, la primera vuelta de abril de ese año. Se había impuesto a Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió y Ricardo López Murphy.

Sin embargo, cuando se inició la campaña electoral para la segunda vuelta, Kirchner había concentrado sobre sí una amplísima intención de voto. Las encuestas lo daban ganador por el 60 por ciento o más.

Frente a esa avalancha, Menem pidió debatir con Kirchner, aunque sea para descontar algunos puntos. Kirchner respondió en aquella oportunidad que Menem debía debatir con la Justicia, al hacer alusión a las causas penales que tenía pendiente el primero. Resultado: Menem, que catorce años atrás había dejado la silla vacía, ahora lo habían dejado “plantado” y con las ganas. Luego renunció por miedo a perder por una abultada diferencia.

Kirchner había dejado “la silla vacía”. Ahora es Macri quien deja la “silla vacía”. Es de práctica, al menos en la política de la Argentina, que todo candidato que va ganando ampliamente en las encuestas y en el clima latente del electorado, se niegue a debatir porque percibe que es más fácil que pierda puntos o que cometa errores frente a un adversario que nada tiene para perder.

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