El voto anti, un fantasma que resurge con el balotaje
Por: Pablo Ibáñez
"Lo que no ordenan los dirigentes, lo ordena la primaria". La frase se atribuye a "Juanjo" Álvarez, operador múltiple del PJ, y aunque surgió tras un frustrado intento de pacto, vale como regla genérica que puede, esta vez, aplicarse al balotaje porteño, la elección que ganó sufridamente el PRO de Mauricio Macri, pero que inocula una dosis de espanto en el peronismo K al poner sobre la mesa un fantasma que se creía superado: el riesgo y la impredecibilidad del balotaje.
Se pone en boca de Máximo Kirchner una tesis que, se repite, admite haber escuchado a su padre a la vez que éste la tomó de Torcuato Di Tella. El sociólogo la enunció post-sacudones de 2001 y Kirchner la citó hasta su muerte: dictamina que un candidato de centro o centroderecha, sin respaldo del peronismo, tiene un techo electoral que oscila entre el 42 y el 45%. Sobre ese dato se construyó el relato de Macri como contracara deseada; el candidato que, en el imaginario kirchnerista, jamás podría ganar.
Daniel Scioli, más intuitivo que analítico, advirtió que el candidato temible era Sergio Massa porque podía sumar pedazos de peronismo y destrozar el dictamen Di Tella. Por eso, en explícita empatía con Macri, se enfocó en correrlo del ring. Los dos, viejos conocidos, como lo fueron también sus padres, complotaron para sacar del medio al tercero en disputa cada uno convencido de que el otro era vulnerable.
El balotaje porteño explica por qué, hace tiempo, Scioli se mueve con el foco puesto en la primera vuelta, en rozar el 40% en las primarias del 9 de agosto para luego estirarse, el 25 de octubre, más allá de los 45 puntos. Si el duelo se estira hacia noviembre, a la segunda vuelta, el resultado se vuelve incierto.
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