De UNEN a FAUnen ¿llega DesUNEN?: cronología de un frente conflictivo
La presentación, en el teatro Broadway porteño en abril de este año, presagiaba un dificultoso entendimiento. Un matrimonio repleto de contrariedades y contradicciones: con una "pareja" de 10 integrantes.
Egos, intrigas, proyectos disímiles, individualidades. Radicales, progresistas, ex kirchneristas, socialistas y neo conservadores. Una mezcla explosiva, que podía emerger como el gran cuco opositor o fagocitarse hacia adentro.
La primera riña, que fue incluso previa a la presentación del armado, se dio hacia adentro del radicalismo, cuando varios intendentes bonaerenses –como Mario Meoni, de Junín, o Gustavo Posse, de San Isidro- mostraron su vocación de jugar con el Frente Renovador. Era su forma de mostrar la desorientación de la UCR provincial, pero también de sellar sus continuidades municipales.
Desde la UCR los más críticos fueron siempre Julio Cobos, aunque algo marginal en el partido, y Eugenio "Nito" Artaza, que llegó a postular que eran "intereses individuales o plata" lo que movía a los dirigentes que se balanceaban entre Sergio Massa o Mauricio Macri. Con ese trasfondo, con las constantes declaraciones de Elisa Carrió en favor de un seductor acuerdo con el PRO, nacía FAUnen como corolario del éxito –medido- del UNEN porteño en 2013.
Precedidos de esa fama, con tensiones propias de la amplitud (Carrió enemistada con Margarita Stolbizer; Julio Cobos alejado de Ernesto Sanz y un amplio sector radical; y radicales enojados por la presencia del Frente Cívico de Luis Juez), cerraron el acuerdo.
Su primera demostración de unidad –aún sin cuestionar más allá de la chicana desde el oficialismo- fue el acuerdo de San Nicolás, en mayo, donde los principales referentes se comprometieron a la unidad.
Poco después llegó la primera gran crisis puertas afuera: pasada la mitad del año, los dirigentes del porteño UNEN quisieron celebrar el aniversario de su triunfo local, pero en medio de fuertes alocuciones de Fernando "Pino" Solanas contra las alianzas –implícitas o explícitas- que se tejían con el PRO, "Lilita" se levantó de la silla, abandonó el teatro y, diría después, se fue "a comer una pizza".
Los repliques del temblor duraron un mes. De un lado, Solanas, Cobos, Tumini, Binner, Stolbizer e incluso Alfonsín. Del otro, Carrió, Sanz –al principio tímido, luego jugado en esa puja-, y una decena de dirigentes provinciales que empezaron a ver –presionar- con buenos ojos los acuerdos locales que les facilitaran una eventual victoria en 2015, fueran con Massa (Eduardo Costa –en Santa Cruz-, Gerardo Morales –Jujuy) o Macri (en Córdoba –donde "cívicos" de Juez y radicales de Oscar Aguad se pelearon por ser la filial serrana macrista).
Otra vez la ronda de reclamos repuntó hacia octubre: Cobos y Binner –en menor medida Solanas- , que aún sueñan con ganar una interna y ser presidenciales, le salieron con los tapones de punta a Carrió, que dinamitó la unidad en aras, dijo, "amplitud" -léase: chances de obtener un triunfo.
Mientras tanto, por primera vez, sectores que permanecían opuestos a le mentada amplitud o supuestas alianzas empezó a ceder: Sanz hizo más explícito su deseo de alianza con el PRO y dirigentes provinciales buscaron sus garantías: José Cano (Tucumán), Luis Naidenoff (Formosa), Nito Artaza (Corrientes) anticiparon acuerdos –o simpatías- con Massa.
La frutilla del postre – o la mecha de la dinamita- la puso el propio Macri, cuando decidió correrse del libreto original y, amparado en sus consejeros, decidió dejar abierta la puerta y no descartar una alianza con Carrió y Sanz, a quienes –según dijo- lo "UNE" algo. Fue su forma de aglutinar y dividir.
Divide y reinarás. Esa usada y gastada frase desde el Imperio Romano hasta nuestros días, ha valido al oficialismo para sentarse a observar. También a la oposición de la oposición. Falta, de todos modos, la detonación definitiva: el acuerdo sellado entre Macri –o Massa- con algún precandidato de FAUnen, que haga volar por los aires toda pretendida unidad.
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