Lubertino, el 'Gato de Verdaguer', los títeres y sus influyentes amos

Política

“En este edificio no le alquilamos más departamentos ni a judíos ni a ancianas. Así que desalojen la unidad cuanto antes...”. Las dos inquilinas que viven desde hace mas de 30 años en un departamento en la calle Chile al 2200 escucharon la cruel amenaza y enmudecieron. Siempre habían pagado la renta con religiosidad fundamentalista, pero el dueño del edificio murió y sus dos hijas herederas (cincuentonas y solteronas) lanzaron una cruzada de limpieza étnica en la cual judíos y ancianos estaban de más en el antiguo pero coqueto edificio del barrio porteño de San Cristóbal.
 
Las víctimas de la descomunal discriminación relataron el episodio y un vecino ingresó a la página oficial del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) para canalizar la denuncia discriminatoria. Pasaron semanas y del instituto que dirige la señora María José Lubertino ni noticias. Entonces un periodista la llamó para ver porqué el INADI no se daba por enterado. Y ahí la primera sorpresa: Si el identificador de llamadas (ID) de Lubertino indica que desconoce a quien discó su número, la funcionaria –con el humor típico de un rotwailer hambriento-  responde casi a los gritos: “Estoy en una reunión... ¿quién habla?”.  Si del otro lado de la línea se identifican como periodistas, el tono de voz se transforma a la amabilidad de un caniche toy.

Es que si algo desvela a la ex dirigenta radical son los flashes y las cámaras televisivas. Pero esta vez nadie la iba a entrevistar. El periodista quería saber por que el INADI no respondía una denuncia discriminatoria contra dos indefensas mujeres de ochenta años. El INADI adujo que no tomaron la denuncia porque había fallado el sistema informático, un chivo expiatorio tan gastado como absurdo... echarle la culpa a los playstations por las cuales se invierte mucho dinero desde el Estado.

De muy mala gana, Lubertino puso en el tema a una abogada de su equipo, una funcionaria del departamento jurídico con buena voluntad pero llevando a cuestas la burocracia del organismo. Las mujeres debían presentarse en la sede del INADI, pleno microcentro, porque para estos casos la señora Lubertino no hace “delivery” en defensa de los desprotegidos. Si hay cámaras de TV asiste a casamientos de lesbianas, a la Marcha del Orgullo Gay y a los llamados de Luis D´Elia, pero por dos ancianas nadie sale de su sillón en el INADI.  Una de las mujeres se encuentra en tratamiento psiquiátrico y la otra tiene problemas de movilidad, pero si no se pueden llegar al edificio de la calle 25 de Mayo no es problema de Lubertino. Final del asunto: Las ancianas pelean solas en Tribunales contra el desalojo por ser viejas, mientras la jefa del INADI defiende como sea los arrebatos “contra los blancos” de Luis D´Elia y ahora encausa una cruzada moralizante contra el Gato de Verdaguer (¿será un ataque por elevación contra Roberto Pettinato debido a alguna apreciación que hizo contra el kirchnerismo...?). Porque el referido felino hace tiempo despunta su lengua filosa y entretenida para que Lubertino recién ahora ponga atención en sus dichos. 

Este tipo de funcionarios recuerdan a la anécdota de hace casi cuatro décadas entre Perón y José Lopez Rega (un obsecuente de aquellos, con título y diploma).  “¿Qué hora es, Lopecito”,  preguntaba el viejo líder.  “La que usted quiera, mi General”,  respondía el Brujo. 

El triste papel de los “funcionarios-mascota” es que tienen como principal objetivo hacer felices a sus amos. Y cuando tienen que actuar frente a casos resonantes (las diatribas del piquetero K contra medio país), buscan la forma de no herir la sensibilidad de sus patrones apelando a palabreríos vacios y faltos de consistencia jurídica e intentando justificar lo injustificable. A las dos señoras discriminadas las dejaron bajo la guillotina de la discriminación por ser viejas, a Luis D´Elia le perdonan todo para no enojar a la mano que les da de comer... y al Gato de Verdaguer les arrojan artillería pesada cuyo destinatario final parecer ser Roberto Pettinato. 

Los seguidores del Gato de Verdaguer preparan un sitio web en defensa del felino de Petti y dicen no temer ni a los piqueteros ni a los camioneros ni a Lubertino. Quizás desde esas páginas tenga lugar alguna cruzada en defensa de las dos ancianas discriminadas a las cuales el INADI  dejó solas en el circo de los leones.

Vendrá bien un poco de humor político después de las últimas tensiones sociales. 
 
 

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