El paro de transporte y el futuro de la CGT

Política

Más de 20 gremios anunciaron un paro de actividades para el 31 de marzo, pero discutieron una salida posible a la fracción de la CGT. También de las dos confederaciones del rubro: la oficial y la opositora.

La disputa rimbombante en medios pasa a segundo plano en los encuentros sindicales. Y es que, por lo bajo, todos admiten vasos comunicantes con el Gobierno o con algún funcionario. Aún los que, altisonantes, anunciaron un paro para el 31 de marzo en reclamo por el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, jubilaciones y otros temas menos sensibles.

Detrás del paro, detrás de la muestra de fuerza, se cuece la unidad -o no- de los gremios de transporte y de ambas CGT con el horizonete pre o pos electoral. Como en el caso de las centrales obreras, los transportistas cuentan con dos confederaciones: la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y la UGATT (Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte), nacida a fines de 2012 como respuesta oficialista al quiebre de relaciones con Hugo Moyano a mediados de ese mismo año.

Pero al quiebre, que entonces dividió a los transportistas en dos y dejó a los netamente oficialistas del lado de la UGATT, al comando de Omar Maturano (La Fraternidad), Omar Viviani (Peones de Taxi), Roberto Fernández (UTA) y Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), todos ellos laderos de Antonio Caló en su cruzada a bordo de la CGT kirchnerista.

Tras dos años -desde la presentación de esa unión de transportistas oficialistas en 2013-, el vínculo de Maturano con el kirchnerismo parece irreversible a base de mediáticas peleas con el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo. Pero no abandonó la UGATT formalmente, sino que se acercó al plenario de más de 20 gremios de la CATT junto a Roberto Fernández.

Ese desaire dejó al borde de la desaparición a la UGATT, aunque presupone un reacomodamiento de los gremios del transporte de cara a octubre. O al menos hasta las PASO.

Todos ellos, aún los que reconocen el el Gobierno su horizonte político, admiten las necesidades en Ganancias y otros ítems, pero no quieren prestarse a un paro que -dicen- tiene más "contenido político" que de intereses del movimiento obrero.

Vaticinan, aunque dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, que no habrá acercamientos definitivos entre ambas CGT, al menos hasta las elecciones.

Luego sí, a puertas cerradas y "sin caretas" -y sobre todo ante el temor por el crecimiento de la izquierda en los sindicatos y la proliferación de sindicatos paralelos-, buscarán dirimir las diferencias para -con las probables salidas de Antonio Caló y Hugo Moyano, que anticiparon que aceptarían correrse- cerrar la mentada grieta. Serán, entonces, iguales las circunstancias, salvo dos o tres nombres propios.



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