¿Por qué nos atrae “Patinando por un sueño”?

*Desde su estreno, el nuevo formato incorporado por “Showmatch” arrasa en la planilla del rating. ¿Por qué lo mira tanta gente? Yo encuentro diez motivos. ¿Cuáles son los tuyos?

Cuando un programa de televisión despierta el interés de las grandes audiencias de un modo apabullante, a mí me da por preguntarme por qué será que ese producto consigue apasionarnos. Fue lo que me ocurrió a principio de año, cuando la cuarta edición de “Gran Hermano” nos mantenía pegados al televisor. Lo mismo me sucede ahora con “Patinando por un sueño”, el segmento de “Showmatch” que desde su debut se mantiene en la cima del rating. La cantidad de gente que lo sigue es multitud y hasta el momento, la competencia no ha encontrado el producto capaz de destronarlo. Para ejemplo, un puñado de cifras: en la noche del debut tuvo 38.5 puntos de rating promedio _con picos de más de 40_ y hasta el momento no ha bajado de los 28.6 puntos de promedio.
Puesta a pensar por qué nos gusta tanto el “Patinando”, encontré los siguientes motivos:

1) PORQUE ES UNA PROPUESTA INÉDITA EN LA TV ARGENTINA
Lo novedoso atrae desde el vamos. ¿Quién puede resistir a la tentación de ver lo que nunca antes se ha mostrado? Fatigados televidentes de una TV que se copia a sí misma, cuando surge una idea diferente, allí estamos, dispuestos a que nos sorprendan. Y si no, para ejemplo, lo que ocurrió hace tiempo con “Los simuladores” o con la primera edición de “Gran Hermano” o, mucho antes, con Mirtha, la actriz de cine que convocaba a las figuras a almorzar en la tele: todas estas propuestas originales atrajeron la atención del público.

2) PORQUE TIENE UN ENORME DESPLIEGUE VISUAL
Una pista de hielo de más de 300 metros cuadrados, construida dentro de un estudio de TV; una escenografía imponente, con pantallas gigantes en las que se proyectan luces, imágenes y fragmentos de películas como complemento de las coreografías que interpretan las parejas al compás de la música; el vestuario y el maquillaje, trabajados a conciencia; un cuerpo de bailarinas en la pista; patinadores profesionales girando como trompos; mujeres de cuerpos envidiables. ¿Hay ojos que se puedan negar a esa celebración de la forma y el color?

3) PORQUE LO INESPERADO PUEDE OCURRIR
El patinaje sobre hielo está considerado un deporte de riesgo. Y el riesgo, ya se sabe, genera adrenalina. Trepados sobre un par de cuchillas, los participantes quedan librados al capricho de la pista helada, expuestos a las veleidades de un piso traicionero. Allí el mal paso está a la vuelta de la esquina, y crea tensión. Como prueba, la caída de Wanda Nara en la noche del debut, que produjo un pico de rating por encima de los 40 puntos.

4) PORQUE COMBINA EL CUENTO DE HADAS CON LA VIDA REAL
Las bellas chicas que compiten en el certamen, en el momento de lanzarse a patinar dejan de ser modelos, actrices o vedettes. En la inmensidad del hielo lucen como figuras de una película de ensueño. Uno las ve dar giros y elevarse en el aire, apenas sostenidas por los brazos del compañero, alumbradas por una luz de cuento de hadas, y se entrega, sereno, a ese universo onírico. Pero como además compiten por los llamados “sueños” que no son otra cosa que acciones solidarias a favor de los más necesitados, ese mundo encantado entra en juego con el real. Si a eso se suma que en el diálogo con el conductor, las muchachas sacan a relucir los dimes y diretes de la vida cotidiana, el viaje de ida y vuelta entre el ensueño y las menudencias de entrecasa es constante. Y de esa madera estamos hechos todos: de lo sublime y lo profano.


5) PORQUE INCLUYE LA COMPETENCIA
El espectáculo tiene el aditamento de que las parejas pierden y ganan; el suspenso de saber que siempre habrá sentenciados y expulsados. Es semejante a lo que ocurre con el fútbol: a cualquier hincha le apetecen las jugadas impecables, la destreza de un empeine que lanza la pelota con certeza al compañero que la recibe en tiempo y forma; el juego de cintura del delantero habilidoso que elude a un defensor a cada paso y tira al arco. Pero el fútbol no sería pasión de multitudes si además, no existiera la competencia, el deseo de triunfar y el miedo a perder. Algo de ese orden, hay en el “Patinando”. 

6) PORQUE LO CONDUCE MARCELO TINELLI
El mismo espectáculo televisivo puesto en manos de un conductor a quien el público no hubiera convertido desde hace muchos años en una estrella de la televisión podría ser un producto de calidad pero no conseguiría la repercusión masiva de la que goza el “Patinando” de Tinelli. Las grandes figuras de la tele tienen un pacto con sus espectadores, y es en la magia de esa relación donde nace la diferencia entre un programa exitoso y un fenómeno de rating. Para decirlo con otro ejemplo, sin el carisma de la conductora, “Hola Susana”, en su momento, no habría pasado de ser un discreto entretenimiento de juegos telefónicos.

7) PORQUE TIENE UN RELATO
Quien vea en “Patinando” apenas un concurso de patinaje sobre hielo pecará por defecto. Tanto como quien sostuviera que el “Bailando” y el “Cantando” son tan sólo un certamen de danza y otro, de canto. Esos tres formatos están incluidos en “Showmatch”, un ciclo con identidad propia a pesar de la diversidad de los segmentos que lo componen. Todo lo que transcurre en “Showmatch” se integra en un relato. Es el relato que Tinelli va tejiendo sobre la marcha como un hábil guionista. Plantado en medio del estudio, ojos y oídos bien abiertos, para construir la trama. Un pasito de baile al que la coreógrafa Nadia llamó “Koala” en un ensayo, por ponerle algún nombre, se convirtió en leyenda. El comentario de Celina Rucci respecto de un fin de semana dedicado a la pesca, dio pie para una historia con suspenso. Ni hablar del simple postre de Iliana Calabró que terminó como el tiramisú más mentado en la historia de la TV. Del mismo modo que en el “Bailando” y el “Cantando”, el comentario de Anita Martínez sobre el discreto volumen de sus lolas terminó en un sketch del “Patinando”; la caída de Wanda Nara en la noche del debut se transformó en un clásico del chiste. Todo encuentra un lugar en el gran guión del show. Y sin libreto previo. Eso crea a la vez un estado de intriga por la ocurrencia que vendrá y un código de historias compartidas entre el público y los protagonistas del show. Así, las presentaciones de las parejas en la pista de hielo no son bellas viñetas sueltas sino la pieza clave de un relato.

8) PORQUE LAS FAMOSAS NO SON PATINADORAS
El hecho de que ninguna de las chicas que hoy se desplazan sobre el hielo dominara esa disciplina antes de la convocatoria para participar en el programa genera en los televidentes una mezcla de admiración por los progresos que consiguieron en unos cuantos meses y el deseo de emularlas. Los más osados piensan “si ellas pudieron, ¿por qué yo no?” y salen disparados a las pistas de hielo que, dicho sea de paso, a partir del estreno de este segmento de “Showmatch” han recibido una cantidad impensable de clientes. Entre los que no se animan al hielo, algunos consideran la posibilidad de calzarse los patines con ruedas y muchos otros, se sientan a sacar una cuenta menos ambiciosa pero redituable: si, fruto del esfuerzo, ellas pudieron conseguir la destreza que tengo ante mis ojos, ¿qué no podré conseguir yo con un empeño análogo en cualquier otro aspecto de la vida?

9) PORQUE LOS PATINADORES NO SON FAMOSOS
La presencia de la gente común en la pantalla es, hoy por hoy, un atractivo en todo el mundo. De eso dan cuenta el éxito global de los reality shows, el interés de los noticieros por presentar cada vez más ciudadanos de a pie dando testimonio directo de lo que les toca vivir, los programas de entretenimiento que convocan a la gente a jugar los juegos más diversos. Si además, como en el caso del “Patinando”, los desconocidos están en la TV en base al mérito de años de entrenamiento y a la excelencia que alcanzaron en una disciplina deportiva, el atractivo aumenta.


10) PORQUE NO SE HACE CON DOS PESOS
La inversión económica no garantiza un programa de calidad. Sin una idea y una buena realización, una pila de billetes es apenas una pila de billetes. Pero también es cierto que sin plata, la mejor idea y el mayor esfuerzo de un equipo de producción no llegan a buen puerto. Dicen que lo que cuesta, vale. Y, sin embargo, la Argentina está llena de empresarios incapaces de mirar la otra cara de esa moneda: lo que vale, cuesta. Son legión, y no sólo en la tele, los que se emperran en  la quimera de obtener un producto valioso sin que les cueste un peso. Ni más ni menos que la necedad de suponer que si “lo atamo’ con alambre”, nadie se va a dar cuenta de la chapucería. Ante este estado de las cosas, hartos ya de programas producidos con dos pesos a los que se les notan las hilachas por los cuatro costados, los televidentes se muestran satisfechos cuando advierten que un productor está dispuesto a invertir dinero y no tan sólo voluntarismo en el producto que les ofrece. 

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