Profesionalismo prematuro
Profesionalismo prematuro es el síntoma que se vuelve enfermedad de nuestro fútbol. Las exigencias y las obligaciones del alto rendimiento ya se instalan desde las inferiores y los pibes viven como grandes.
Las canchas de inferiores se convirtieron en un campo de batalla, dentro y fuera del campo de juego. Peleas entre padres, discusiones y reclamos a los entrenadores. ¿Formación? La guerra de los egos nace desde los orígenes de la competición.
Un contrato basta para ganar más de lo imaginable. Una cifra plagada de ceros puede salvar a toda la familia. Entonces las presiones se sienten en el rectángulo verde y bajo el propio techo.
Después las estrellas se multiplican. Sergio Agüero y Mauro Zárate cuentan los billetes por millones. El Kun es estrella del Atlético de Madrid, mientras que el delantero de Vélez pasó al fútbol de Qatar en 22 millones de dólares. Ever Banegas viene de alcanzar la gloria de América con su equipo, Boca Juniors. Sergio Romero tiene su futuro en el AZ Alkmaar holandés y Emiliano Insúa pasó al Liverpool de Inglaterra sin debutar en Argentina. Y Federico Fazio de jugar en el Nacional B se mudó a Sevilla.
"En Qatar 95 muy pocos chicos venían con experiencia en primera división. Hoy todo cambió", comenta Tocalli en charlas informales. Antes eran pibes. Ahora son estrellas aceleradas.
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